¿Y si abrimos Sant Joan al pueblo?

Con el cartel oficial de Sant Joan llega, como cada año, la polémica de rigor. Unos lo encuentran acertado. Otros lo consideran un desastre. Y la mayoría dice la suya. Ya forma parte de la liturgia no escrita de las fiestas.

Pero quizás la cuestión importante no es si el cartel gusta más o menos.

Quizás la cuestión es otra.

¿Por qué seguimos discutiendo cada año sobre decisiones que se toman sin nosotros?

En Ciutadella hace décadas que el gran debate gira en torno a quién tiene la autoridad sobre la fiesta. Si la Junta de Caixers o el Ayuntamiento. Un debate profundo, serio y cargado de simbolismo que probablemente merecería un artículo entero.

Pero quizás la pregunta está mal formulada.

Porque la cuestión no es si Sant Joan debe ser A o B.

La cuestión es que existe una tercera opción.

C.

La ciudadanía.

La cuestión no es si Sant Joan debe ser A o B. La cuestión es que existe una tercera opción: la ciudadanía.

La Junta de Caixers representa una tradición secular que forma parte del alma misma de las fiestas. Nadie lo discute. Pero el Ayuntamiento representa a todos los ciudadanos y ciudadanas. También es quien asume gran parte de la organización, la seguridad y el coste económico de la fiesta.

Y precisamente por eso no debería actuar como una segunda Junta de Caixers.

No debería funcionar con la misma lógica de decisiones tomadas entre unos pocos y comunicadas después al resto como un hecho consumado.

Su misión es otra.

Preservar una fiesta milenaria, adaptarla al siglo XXI dentro de sus posibilidades y hacer partícipe al pueblo de las decisiones que afectan a su patrimonio colectivo.

Y no hacen falta grandes revoluciones para empezar.

La imagen de las fiestas, el cartel, la poesía o el diseño son ejemplos evidentes.

Nadie cuestiona la necesidad de un jurado cualificado. Nadie niega el valor de los criterios técnicos. Es perfectamente razonable que exista una primera selección profesional de las obras presentadas.

Pero una vez hecho este filtro, ¿por qué no pueden ser los ciudadanos de Ciutadella quienes elijan entre las propuestas finalistas?

¿Por qué no se puede votar?

¿Por qué no se puede participar?

Participar también es corresponsabilizarse

Además, probablemente ayudaría a corregir una de las contradicciones más habituales de la vida pública local: exigir que la administración decida por nosotros y reservarnos después el derecho exclusivo de criticar aquello que se ha decidido.

Participar también implica corresponsabilizarse.

Los Voluntarios de Sant Joan han sido, probablemente, el ejemplo más claro de que querer una fiesta también es ponerse a trabajar por ella.

En este sentido, los Voluntarios de Sant Joan representan probablemente una de las experiencias de participación ciudadana más positivas que ha vivido la fiesta durante la última década. Un colectivo transversal, formado por personas que aman Sant Joan y que han contribuido de manera decisiva a hacer posible una fiesta más segura y mejor organizada. Aun así, año tras año han tenido dificultades para incorporar a nuevas personas dispuestas a dar el paso que separa la crítica de la implicación. También por eso es justo hacer un reconocimiento sincero a todos aquellos que, de manera discreta y constante, dedican tiempo y esfuerzo a la salud de la fiesta.

Quizás si las decisiones fueran un poco más compartidas, las críticas serían menos viscerales y el sentimiento de pertenencia aún más fuerte.

Porque querer una fiesta no es solo vivirla.

También es ayudar a construirla.

Y esta reflexión va más allá de un simple cartel.

También afecta a los debates que la ciudad parece haber dejado aparcados.

Hace solo unos años era prácticamente imposible hablar de Sant Joan sin que apareciera la cuestión de la mujer en la fiesta. Había posicionamientos políticos, declaraciones, promesas electorales y titulares constantes.

Hoy, en cambio, el silencio es casi absoluto.

¿Qué ha pasado?

¿Se ha resuelto el debate?

¿Se ha aplazado?

¿O simplemente se ha decidido dejarlo en un cajón?

Las sociedades no solo se definen por los debates que tienen. También por los debates que deciden dejar de tener.

Es evidente que abordar esta cuestión no es sencillo. Tampoco es el objeto de este artículo. Merece una reflexión propia, serena y documentada. Pero resulta difícil no observar que un tema que hace solo unos años ocupaba una parte importante de la conversación pública hoy prácticamente ha desaparecido.

Y algún día también habrá que analizar por qué.

Porque las sociedades no solo se definen por los debates que tienen.

También por los debates que deciden dejar de tener.

Sant Joan ya está cambiando

Mientras tanto, Sant Joan sigue cambiando.

La ciudad cambia.

La sociedad cambia.

La dimensión de la fiesta cambia.

Los hábitos cambian.

Las sensibilidades cambian.

Y, sin embargo, a menudo seguimos aferrados a la idea de que preservar una tradición consiste en evitar cualquier cambio.

Quizás sea justo al contrario.

Decían en El Gatopardo que «si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie».

Durante años hemos intentado aplicar la fórmula inversa: que no cambie nada para que todo siga igual.

Pero la realidad es tozuda.

Sant Joan ya está cambiando.

La pregunta es si queremos participar en este cambio o simplemente observarlo desde la barrera.

Porque quizás la mejor manera de conservar aquello que hace única a nuestra fiesta no es cerrarla aún más.

Quizás sea abrir un poco más las puertas.

Confiar un poco más en la gente.

Y entender que si algún día la Junta de Caixers y el Ayuntamiento llegan a ser percibidos como una misma estructura opaca que decide por todos, la discusión entre A o B habrá dejado de tener sentido.

Porque la respuesta no es A.

Ni es B.

Es C.

La ciudadanía.

Porque si Sant Joan es realmente la fiesta del pueblo, el pueblo no debería limitarse solo a vivirla. También debería poder sentir que, al menos un poco, ayuda a decidirla.

Porque si Sant Joan es realmente la fiesta del pueblo, el pueblo no debería limitarse solo a vivirla.

También debería poder sentir que, al menos un poco, ayuda a decidirla.