El último corte en Ca'n Vicente: adiós a la emblemática barbería de Ciudadela

Ciutadella Digital
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Hay lugares que son más que un comercio, más que una tienda o un negocio. Hay lugares que forman parte de la identidad de un pueblo, que son punto de encuentro, escenario de conversaciones inolvidables y cuna de recuerdos entrañables. Can Vicente, la histórica barbería del corazón de Ciutadella, era uno de estos espacios. Y ahora, con su clausura, se termina una etapa que muchos ciudadanos de Ciutadella llevarán siempre dentro.

Era imposible pasear por Ses Voltes y no detenerse un momento para ver a Pepe, el último capítulo de esta historia de tijeras y espejos, de palabras y silencios cómplices. Antes de él, Vicente Fontestad, llegando desde Benifaió en el año 1948, fundó este templo de la barbería, convirtiéndolo en un referente para generaciones de ciutadellencs.

No solo era donde se cortaban el pelo, era una institución. El caballito mítico donde subían los más pequeños con cara de susto o de enfado, la silla donde los hombres compartían confidencias y sonrisas, el ritual del cepillo y la navaja, el perfume de colonia fresca flotando en el aire.

Los años pasaron, Vicente se ganó el corazón de Menorca, echó raíces familiares y dejó un legado. Su hijo, Vicente Fontestad hijo, batería del mítico grupo Ja T'ho Diré, dejó también su huella antes de marcharse demasiado pronto. Y así, poco a poco, la barbería fue convirtiéndose en un recuerdo vivo de lo que un día fue Ciutadella.

Pepe, fiel al espíritu de la casa, mantuvo el carácter intacto, sin grandes cambios, conservando la esencia de un tiempo donde las prisas no dictaban la vida. Ahora, con su jubilación, la barbería cierra definitivamente sus puertas y deja un vacío en el alma de la plaza des Be.

Las últimas semanas, muchos han preferido evitar pasar por delante. Es extraño mirar la fachada y saber que no estará Pepe detrás del cristal, que el ruido de las tijeras ha enmudecido, que ya no habrá ese 'raro' para aquellos que se detienen en la placita sin más intención que disfrutar del momento.

Esta barbería era mucho más que un lugar para cortarse el pelo: era un símbolo, un trozo de nuestra historia colectiva. Y, aunque las puertas se cierren, Can Vicente permanecerá para siempre en la memoria de todos aquellos que tuvieron la suerte de vivirlo.

Mike Sierra / CIUTADELLA DIGITAL

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