El Ayuntamiento de Ciutadella ha abierto el plazo para que las entidades interesadas puedan participar en la 'Crema dels Bujots', que se celebrará el domingo de Pascua, día 5 de abril de 2026, a las 12 del mediodía. La convocatoria estará abierta del 5 al 27 de febrero y la tramitación deberá realizarse de manera telemática a través de la Carpeta Ciudadana.
Para formalizar la participación, las entidades deberán presentar una declaración responsable y una memoria descriptiva de la actividad, con croquis y plano de situación, así como el detalle del material pirotécnico homologado que se utilizará, especificando el tipo y la cantidad. También será necesario garantizar una distancia mínima de seguridad de quince metros alrededor del bujot, delimitar el perímetro con vallas y seguir en todo momento las indicaciones de las autoridades y sus agentes.
Un conjunto de requisitos que forman parte de la organización habitual del acto, pero que también reflejan la evolución de una de las tradiciones más singulares y arraigadas de Ciutadella.
Una costumbre documentada y compartida
La costumbre de matar al bujot por Pascua está documentada desde hace siglos. El Diccionario Alcover-Moll describe el bujot como una figura humana hecha de paja y vestida con ropa, que era colgada en medio de una plaza y abatida antes de ser quemada.
Con el tiempo, la celebración se fijó en el domingo de Pascua y se consolidó como un acto de crítica popular. Los bujots han representado tradicionalmente personajes conocidos o hechos relevantes del año: figuras públicas, decisiones políticas, conflictos sociales o situaciones que habían generado debate o malestar ciudadano.
El muñeco se convertía así en una caricatura colectiva, expuesta en la calle y sometida al juicio popular antes de ser consumida por el fuego.
El profesor Jaume Mascaró ha explicado que el sentido profundo del ritual no es tanto el castigo como la renovación: quemar aquello viejo, aquello que se quiere dejar atrás, para abrir simbólicamente un nuevo ciclo, una idea presente en muchas celebraciones vinculadas al fuego, especialmente en el ámbito mediterráneo.
El origen del nombre y el simbolismo del fuego
El mismo término 'bujot' remite a un origen lejano. Según diversas interpretaciones, proviene de Bugía, ciudad del norte de África de donde antiguamente se importaban simios y cera.
De aquí derivarían términos como 'bugiot', utilizado para designar a un simio macho, y 'bugia' (bujía), que inicialmente hacía referencia a la vela y que más adelante daría nombre también a la pieza mecánica encargada de encender el combustible en los motores.
De nuevo, el fuego, el encendido y la transformación aparecen como elementos centrales, tanto en el origen etimológico como en el desarrollo de la tradición.
Cuando el ruido formaba parte del ritual
Durante décadas, matar al bujot fue también un acto sonoro. Las escopetas de caza, cargadas con cartuchos de pólvora sin perdigones, marcaban el ritmo de la celebración.
El estruendo seco de los disparos formaba parte de la escenografía, junto con la concentración de público y el ambiente festivo que llenaba las calles.
Así lo recogía todavía en el año 2016 la información municipal sobre las llamadas 'Matances de Bujots', donde se describía el acto como una sucesión de muñecos colgados por las calles que se convertían en el blanco de los disparos antes de ser quemados.
Aquella imagen forma parte de la memoria reciente de la ciudad, pero ya no del presente.
El cambio normativo y el punto de inflexión
El cambio en la manera de celebrar el acto no responde a una prohibición puntual ni específica de esta tradición, sino a la aplicación de un marco legal que ya existía con anterioridad.
El Reglamento de Armas, vigente desde 1993, establece que las armas de fuego solo pueden ser utilizadas en ámbitos muy concretos y autorizados, y no de manera generalizada en la vía pública.
Durante años, sin embargo, algunas prácticas festivas convivieron con una interpretación flexible de la normativa, especialmente cuando se hacía uso de cartuchos de pólvora sin proyectiles y en contextos tradicionales muy arraigados.
Esta lectura se fue restringiendo progresivamente y se reforzó a partir de 2020, con una actualización del Reglamento de Armas que, sin introducir una prohibición nueva, puso el acento en el control y la seguridad.
En el contexto posterior a la pandemia, las autoridades optaron por aplicar estos criterios de manera más estricta en actos multitudinarios y en el espacio público, hecho que condujo a la sustitución de los disparos por tracas, petardos y otros elementos pirotécnicos.
Una tradición que sigue viva
Lejos de suponer el fin de la celebración, este cambio ha permitido dar continuidad a la tradición adaptándola a las condiciones actuales.
Según crónicas recientes, Ciutadella continúa celebrando cada domingo de Pascua la quema de los 'bujots', con una elevada afluencia de público y muñecos dedicados a cuestiones de actualidad como escándalos políticos, el precio de la leche o la sequía.
Los 'bujots' siguen colgados ante las entidades y establecimientos que los confeccionan, y el acto mantiene su carácter festivo y crítico. Lo que ha cambiado es la forma, no la función.
Tradición, recuerdo y adaptación
Las tradiciones no suelen sobrevivir por la repetición exacta del gesto, sino por la capacidad de reinterpretarlo. El pasado se transforma en recuerdo; el recuerdo, en relato; y el relato permite que la celebración siga teniendo sentido para la comunidad.
Ahora bien, esta reinterpretación no es neutra. Matar al 'bujot' ha sido, históricamente, un acto de crítica popular, pero también un ritual de ajusticiamiento simbólico: una figura señalada por el "pueblo", expuesta y finalmente destruida en nombre de un consenso colectivo.
En tiempos modernos, este simbolismo no desaparece por el hecho de sustituir las escopetas por pirotecnia o de ordenar el acto con protocolos de seguridad. El gesto sigue siendo el mismo, aunque estéticamente se haya adaptado: identificar a un disidente, ridiculizarlo y eliminarlo simbólicamente del espacio público.
Pascua, fuego y continuidad
La convocatoria de este año es una nueva muestra. Sin disparos, pero con fuego. Sin armas, pero con escenificación. Sin violencia física, pero con una carga simbólica que sigue interpelando a la comunidad.
Más que una evolución profunda, la transformación de la 'Crema dels Bujots' puede leerse como un ajuste estético a las normas del presente, mientras el mensaje de fondo —el ajusticiamiento colectivo de lo que incomoda— permanece intacto.
Una tradición que ya no se dispara, pero que todavía quema. Y que, precisamente por eso, invita también a pensar.

