Las Fiestas de Sant Joan aún no han comenzado, pero para José Enrich Arguimbau y Sebastià Mesquida Piris hace meses que forman parte de su día a día. En el Club Hípico Sa Creueta, entre entrenamientos, horas de preparación y mucha dedicación, ambos se preparan para asumir dos de los cargos más emblemáticos de la Qualcada.
Para José Enrich Arguimbau, que este año será el Caixer Casat, la llegada de Sant Joan representa la culminación de un sueño largamente esperado. Desde hace meses intensifica los entrenamientos con constancia y compromiso, rodeado del apoyo de su familia y de sus amigos de siempre, consciente de la responsabilidad que implica representar uno de los cargos más queridos de la fiesta.
Bien diferente es el camino de Sebastià Mesquida Piris. Vinculado profesionalmente al mundo de la mecánica y de las embarcaciones, este año afronta un reto tan inesperado como extraordinario. La designación como Caixer Fadrí cambió completamente su rutina y le ha obligado a dedicar innumerables horas a aprender una disciplina que hasta hace poco le era completamente ajena.
En pocos meses ha tenido que familiarizarse con el mundo del caballo y adquirir la confianza necesaria para afrontar una de las imágenes más icónicas de Sant Joan: conducir el caballo mientras porta la bandera que representa toda una tradición. Una preparación intensa que refleja el esfuerzo que a menudo queda oculto tras la solemnidad de los días grandes.
Uno cumple un sueño de toda la vida. El otro ha tenido que aprender desde cero. Dos caminos diferentes que confluyen en una misma emoción: vivir Sant Joan desde dentro.
Las imágenes grabadas en Sa Creueta muestran precisamente esta cara menos visible de la fiesta. La de los entrenamientos silenciosos, las repeticiones constantes y las horas de dedicación que preceden a unos días que quedarán para siempre grabados en la memoria de sus protagonistas.
Cuando la Qualcada salga a las calles, miles de personas verán el resultado final. Pero detrás de cada paso, cada gesto y cada instante habrá meses de preparación, sacrificio e ilusión.
José Enrich Arguimbau y Sebastià Mesquida Piris llegan a este Sant Joan por caminos muy diferentes. Uno cumple un sueño que había imaginado durante años. El otro ha asumido el desafío de aprender desde cero para estar a la altura de un cargo histórico. Pero ambos comparten ahora la misma responsabilidad y la misma ilusión ante una experiencia única.
Porque antes de los aplausos, de los caragols y de la emoción de los días grandes, hay cientos de horas de trabajo discreto. Y es precisamente en este esfuerzo silencioso donde también comienza la magia de Sant Joan.

