La plaza de la Libertad: la revolución que marcó una época

La Plaza del Pescado es mucho más que un mercado. Entre los puestos de pescado, las carnicerías, los porches y las estructuras de hierro se encuentra la memoria de uno de los episodios políticos más importantes del siglo XIX. La plaza que hoy forma parte de la vida cotidiana de Ciudadela nació en el contexto de una revolución que derrocó a Isabel II, abrió un periodo de profundas transformaciones políticas y llegó también a Menorca.

El próximo 25 de octubre se cumplirán 158 años desde que se colocó la primera piedra de la Plaza de la Libertad. La fecha nos invita a mirar con otros ojos un espacio que conocemos sobre todo por sus usos comerciales y sociales, pero que conserva un vínculo directo con aquella revolución.

Para entender por qué una plaza de Ciudadela recibió el nombre de la Libertad, hay que volver al otoño de 1868 y a una España que empezaba a dejar atrás el régimen de Isabel II.

Una revolución que hizo caer a una reina


La Revolución de Septiembre de 1868, conocida como La Gloriosa, comenzó con un levantamiento militar en Cádiz el 18 de septiembre, impulsado por el almirante Juan Bautista Topete y los generales Juan Prim y Francisco Serrano. El movimiento se extendió por la península y culminó con la derrota de las fuerzas leales a la reina en la batalla de Alcolea, el 28 de septiembre. Isabel II, que se encontraba en San Sebastián, marchó al exilio a Francia.

Pero La Gloriosa no fue únicamente un cambio de monarca. Cuestionó un sistema político marcado por el predominio de las fuerzas moderadas, las prácticas electorales restrictivas y una monarquía cada vez más desprestigiada. Los revolucionarios reclamaban libertades, una participación política más amplia y unas Cortes constituyentes que definieran un nuevo marco institucional.

El proceso condujo a la Constitución de 1869, que reconoció la soberanía nacional, el sufragio universal masculino y un amplio conjunto de derechos individuales. España continuaba siendo una monarquía, pero el poder de la Corona quedaba enmarcado en un sistema constitucional. El periodo, conocido como el Sexenio Democrático, también incluiría el reinado de Amadeo I y la Primera República.

La revolución, sin embargo, no se puede entender solo a través de los generales y de los cambios de gobierno. Había demandas que afectaban directamente la vida de las clases populares, como la oposición a los impuestos sobre el consumo y al reclutamiento militar obligatorio. Y estas reivindicaciones también aparecen en la reconstrucción de los acontecimientos de Ciudadela.

El 1 de octubre: la revolución llega a Ciudadela


Según la reconstrucción del historiador F. Xavier Pardo, publicada en El Diario – Menorca el 31 de agosto de 2018 dentro de la serie «Hierro en la Menorca contemporánea», los acontecimientos revolucionarios llegaron a Ciudadela la noche del 1 de octubre de 1868.

La ciudad todavía estaba amurallada y la población vivía bajo el toque de queda nocturno. Aquella noche, sin embargo, las calles fueron escenario de una manifestación en la que se combinaron el rechazo político a Isabel II y el malestar por cuestiones que afectaban a la vida cotidiana.

Pardo describe una movilización con petardos, gritos y una banda de música. Entre los participantes había liberales contrarios al régimen isabelino, pero también personas descontentas con los llamados consumos y las quintas del servicio militar.

Los consumos eran impuestos indirectos que gravaban determinados productos de consumo y que repercutían en la economía doméstica. Las quintas, por su parte, estaban vinculadas al sistema de reclutamiento militar obligatorio. Eran cuestiones que podían generar un fuerte malestar social, más allá de las disputas entre las diferentes familias políticas.

Esta coincidencia de motivaciones ayuda a entender la dimensión local de la revolución: la protesta contra el régimen se encontraba con reivindicaciones relacionadas con los impuestos, el servicio militar y las condiciones de vida.

No todos los participantes tenían que compartir necesariamente un mismo proyecto político. Lo que nos muestra el relato de Pardo es que aquella movilización reunió a sectores diferentes en torno al rechazo al orden existente.

La vara de alcalde y la Junta de Salvación


La manifestación no se quedó en la calle. Según Pardo, los participantes entraron en el Ayuntamiento y se hicieron con la vara del alcalde de entonces, Tomàs J. de Salort i Salort. A continuación, se constituyó una Junta de Salvación y Gobierno Municipal.

La toma del Ayuntamiento es uno de los episodios más significativos de la secuencia local. La revolución había llegado a la institución que gobernaba la ciudad y se establecía en ella una nueva autoridad municipal, en consonancia con las juntas revolucionarias que se formaron en otras poblaciones a raíz de la caída de Isabel II.

Para Ciutadella, por tanto, La Gloriosa no fue un acontecimiento lejano que simplemente se conoció a través de las noticias llegadas de la península. Tuvo una expresión propia en las calles y en las instituciones locales.

La reconstrucción de Pardo permite identificar esta noche como un momento de ruptura política. Ahora bien, para conocer con más detalle la composición de la Junta, las decisiones que tomó y la duración exacta de su actuación, habría que contrastar el relato con las actas municipales y otros documentos de la época.

Lo que sí sabemos es que aquella nueva autoridad municipal tuvo un papel directo en un proyecto que todavía hoy forma parte del paisaje de Ciutadella: la construcción del mercado.

Del solar conventual a la plaza de la Libertad


El 25 de octubre de 1868, solo 24 días después de los acontecimientos revolucionarios de Ciutadella, se colocó la primera piedra de la plaza de la Libertad. La fecha y el nombre vinculan el nacimiento del nuevo espacio con el contexto político abierto por La Gloriosa.

Pero la plaza no apareció de repente ni se construyó sobre un solar sin historia.

El espacio estaba relacionado con el antiguo claustro del Oratorio de San Onofre, abandonado en el siglo XVIII y afectado por la desamortización de 1836. Según los datos recogidos por Pardo, el solar, de unos 900 metros cuadrados, había terminado convertido en huerto particular.

Antes de la construcción de las instalaciones del mercado, hacia 1866 ya se habían edificado allí 18 viviendas que formaban una plaza porticada en forma de U. Bajo los porches se vendían verduras, una actividad que conecta aquel primer espacio comercial con los usos que todavía hoy mantiene la plaza.

La construcción del mercado se desarrolló, por tanto, a lo largo de diversas fases. La primera piedra de 1868 no marca el inicio de un proyecto que se completase inmediatamente, sino el inicio de una transformación que se alargaría durante décadas.

La plaza de la Libertad nació en una Ciutadella que comenzaba a modificar su estructura urbana. El derribo progresivo de las murallas, la transformación de los antiguos espacios conventuales y la apertura de nuevos espacios de circulación formaban parte de un proceso de cambio que alteraría la organización interior de la ciudad.

La revolución política y la transformación urbana coincidían en un mismo espacio.

Ramon Cavaller y las primeras casetas del mercado


La Junta de Salvación y Gobierno Municipal encargó a Ramon Cavaller Gelabert los planos de las nuevas instalaciones destinadas a la venta de carne y pescado.

Según los datos publicados por F. Xavier Pardo, el proyecto preveía 20 casetas, con siete puestos de venta de carne y doce de pescado. La distribución indicada por el historiador no suma las veinte casetas previstas, una discrepancia que convendría aclarar mediante la documentación municipal original.

Las casetas se situaron al pie de los contrafuertes del antiguo convento de los agustinos, dispuestas linealmente y protegidas por una marquesina sostenida por once columnas de hierro forjado. Las instalaciones se inauguraron el 24 de diciembre de 1869.

Ramon Cavaller Gelabert (1831-1883) desarrolló una trayectoria artística vinculada también a otros espacios emblemáticos de Ciutadella. Pardo lo describe como escultor y pintor, además de haber sido primer flautista del Liceo. Entre las obras que le atribuye se encuentran la desaparecida Casa Cabrises, en la plaza des Born, la fachada del palacio del conde de Torre Saura y el proyecto del Teatro des Born, inaugurado en 1875.

Su intervención en el mercado se inscribe en una etapa en la que Ciutadella incorporaba nuevas soluciones constructivas y transformaba los espacios de comercio y de convivencia.

En 1895, el hierro se convirtió en protagonista


La imagen actual de la plaza del pescado (sa plaça des Peix) se completó con una intervención posterior. En 1895 se construyó la pescadería central, una estructura rectangular de hierro destinada a proteger los mostradores de venta de pescado.

De acuerdo con la información publicada por Pardo, el edificio disponía de doce columnas de hierro de fundición, un lucernario central y una cubierta de tejas de terracota vidriada. El proyecto seguía las formas del Mercado del Born de Barcelona.

Las obras se entregaron el 27 de junio de 1895 y costaron 12.577 pesetas.

Esta estructura metálica constituye uno de los elementos más singulares del conjunto. La arquitectura del hierro, vinculada a las transformaciones técnicas y urbanas del siglo XIX, permitió crear espacios comerciales cubiertos y funcionales. En el caso de Ciutadella, el conjunto conservado es un testimonio destacado de aquella etapa.

Así, entre la primera piedra de 1868 y la pescadería de 1895, la plaza pasó por diferentes fases de construcción hasta adquirir buena parte de la configuración que hoy reconocemos.

Una placa para recordar de dónde viene el nombre


La historia todavía se puede leer en el mismo mercado. Una placa de mármol situada en la pared del antiguo convento de los agustinos recuerda la plaza de la Libertad y la fecha del 25 de octubre de 1868, vinculada a la colocación de la primera piedra.

Este elemento patrimonial es una de las conexiones más directas entre el presente y los acontecimientos de aquel año. El nombre oficial no es una denominación puesta a posteriori sin relación con el lugar: forma parte de la memoria política con la que se concibió la nueva plaza.

Con el paso del tiempo, sin embargo, el uso cotidiano ha consolidado otros nombres. Para muchos ciudadanos de Ciutadella es 'sa plaça des Peix', 'sa plaça des Mercat' o, simplemente, 'sa Plaça'. Estas denominaciones populares describen la función comercial y social que el espacio ha mantenido durante generaciones.

No son nombres incompatibles. Uno explica la memoria política del lugar; los otros, la manera en que la ciudad lo ha incorporado a su vida diaria.

158 años después, la plaza sigue viva


Hoy, la plaza de la Libertad es un espacio de comercio, encuentro y actividad cotidiana. Los puestos de pescado, las carnicerías, los soportales y los establecimientos del entorno conviven con los puestos del Mercado Agrario, que los miércoles y los sábados acercan productos del campo a la ciudad.

El conjunto mantiene una función que viene de lejos, aunque los usos y las actividades se hayan adaptado al paso del tiempo. La plaza sigue siendo un punto de referencia para el comercio y la vida social de Ciutadella, y a la vez conserva elementos arquitectónicos que permiten explicar la transformación urbana del siglo XIX.

El próximo 25 de octubre se cumplirán 158 años de la primera piedra. La fecha llega después del 158.º aniversario de la batalla de Alcolea, que el 28 de septiembre de 1868 precipitó la caída de Isabel II, y nos recuerda que aquellos acontecimientos tuvieron una consecuencia concreta en Ciutadella.

La revolución llegó a la ciudad el 1 de octubre. La movilización entró en el Ayuntamiento y dio paso a una Junta de Salvación y Gobierno Municipal. Unas semanas después, se ponía la primera piedra de un espacio que acabaría convirtiéndose en uno de los mercados más característicos de la ciudad.

'Sa plaça des Peix' nació en el tiempo de una revolución, pero su historia no se detuvo con aquella revolución. La plaza se construyó, se transformó y continuó formando parte de la vida de Ciutadella.

Hoy, cuando pasamos entre los puestos o nos detenemos bajo los soportales, quizás no pensamos en Isabel II, en Alcolea o en aquella noche de octubre. Pero el nombre oficial sigue allí, recordándonos que la historia también se esconde en los espacios que pisamos cada día.

Nosotros la llamamos 'sa plaça des Peix'. Pero hace 158 años, Ciutadella decidió que se llamase plaza de la Libertad.