La madeja que salvó a Cas Mèu

Hay comercios que sobreviven porque pasan de padres a hijos. Y hay otros que lo hacen porque, en el momento preciso, alguien decide tomar el relevo. La historia de la Mercería Casasnovas, Cas Mèu, tiene un poco de ambas cosas. Comenzó en los años cincuenta del siglo pasado con Josefina Florit y, más de siete décadas después, continúa abierta en la calle de ses Parres. Pero entre una época y otra hay una historia de zapatos, hilos, cremalleras, modistas, bordadoras, jubilaciones y, sobre todo, una 'buldrafa' que hizo que Maria Antònia Torrent descubriera cuál podía ser su proyecto de vida.

Una mercería nacida en los años cincuenta


La historia de Cas Mèu comienza con Josefina Florit. En los años cincuenta decidió emprender su propia aventura empresarial y abrir una mercería en la calle de ses Parres, donde todavía hoy continúa el negocio.

Los inicios no fueron sencillos. Josefina compaginaba la gestión de la tienda con su trabajo como enfranquidora en una fábrica de calzado. La mercería, sin embargo, tenía una ventaja: estaba situada justo debajo de la vivienda de Josefina y su familia. Esto permitía mantener el negocio abierto durante buena parte del día y atender a los clientes mientras la vida familiar continuaba en la misma casa.

Poco a poco, el negocio fue creciendo. Su marido, Francisco Casasnovas, que era carpintero, también empezó a echar una mano en la tienda. Y en el año 1964 se incorporó su hijo, José Casasnovas Florit. Años después también se añadiría su pareja, Pilar Salvador.

Cas Mèu se convertía así en un negocio familiar.

De las fábricas de zapatos a la mercería


Durante los primeros años, una parte importante de la actividad de la tienda estaba vinculada a la industria del calzado, uno de los motores económicos de Ciutadella.

La mercería proveía a las fábricas de zapatos de materiales como el caucho —el caucho—, hilos, cremalleras y cordones. Pero al mismo tiempo también atendía a los clientes particulares, con productos como perfumes y jabones a granel, así como todo tipo de hilos y otros materiales para modistas y bordadoras.

Era una mercería adaptada a las necesidades de su tiempo.

Con los años, sin embargo, la industria del calzado empezó a perder peso y las fábricas redujeron la demanda de los productos que Cas Mèu les proporcionaba. El negocio tuvo que cambiar.

La respuesta fue ampliar la oferta destinada al público particular. Galones decorados, cintas, elásticos y todo tipo de artículos de mercería fueron ganando protagonismo. Así, Cas Mèu fue dejando atrás su vinculación inicial con las fábricas para consolidarse como una mercería de venta al por menor.

Y así llegó hasta el 2011.

Y entonces apareció una madeja


Aquel año, Maria Antònia Torrent asistía a clases de bordado y había comenzado a hacer sus propias piezas.

El 9 de julio de 2011, su primo Marc Casasnovas fue nombrado caixer fadrí. Maria Antònia, que ya tenía afición por el bordado, le preparó uno de los ornamentos tradicionales que llevan los caballos durante las fiestas patronales: una buldrafa de terciopelo negro con flores de colores.

Unos días después, Marc le encargó otra, esta vez de terciopelo granate. Y en septiembre contó con la ayuda de la conocida bordadora Nina Benejam para trabajar en el diseño.

Fue mientras hablaban de aquel proyecto que Maria Antònia recibió una noticia inesperada.

Cas Mèu cerraba por jubilación.

La mercería que había formado parte de la vida comercial de Ciutadella durante décadas estaba a punto de bajar la persiana. Y aquella noticia le provocó una reacción inmediata.

Maria Antònia ha explicado que dejó de escuchar la conversación durante unos instantes y que pensó: «¡Esto es lo que yo quiero para mí, una mercería, y si era la más emblemática del pueblo, mejor!»

La buldrafa que estaba preparando para su primo acabaría, de alguna manera, cambiando su futuro.

El relevo


Maria Antònia comenzó a mover fichas, tocar puertas y asesorarse. El proyecto fue tomando forma y, tras la jubilación de José Casasnovas y Pilar Salvador, en 2012 asumió la gestión de la mercería.

Pero no empezó de cero.

La nueva propietaria ha explicado en su propia historia que está especialmente agradecida a los antiguos propietarios por la confianza, los consejos y todo lo que le enseñaron durante aquel proceso de transición.

Cas Mèu cambiaba de manos, pero no perdía su esencia.

Maria Antònia continuó con los productos tradicionales de la mercería y, al mismo tiempo, fue incorporando nuevos artículos: lana, telas y materiales vinculados al mundo del caballo y a las fiestas patronales de Menorca.

Y las «buldrafes» adquirieron un protagonismo especial.

Aquella afición que había comenzado como una actividad de ocio se convertía ahora en una parte del nuevo proyecto de Cas Mèu. Maria Antònia también incorporó el bordado de «buldrafes» —o gualdrapas—, las piezas que protegen y adornan la grupa y las ancas de los caballos.

La «buldrafa» no solo había sido el punto de partida de su aventura. También acabaría formando parte de la identidad del negocio.

Una mercería que también enseña


La nueva etapa de Cas Mèu no se limitó a ampliar los productos.

Maria Antònia quiso que la tienda fuera también un espacio donde seguir transmitiendo unas habilidades que, con la industrialización de la producción, se habían ido perdiendo.

Por eso se empezaron a impartir cursos de costura creativa y bordado, y también clases de calceta, ganchillo y patchwork.

La mercería incorporaba así una nueva función: vender materiales, pero también enseñar qué se puede hacer con ellos.

La lana, las telas, los hilos y los adornos conviven con los cursos y con los proyectos de las personas que entran para aprender, crear o simplemente continuar una actividad que forma parte de la tradición de muchas familias.

Siete décadas en la calle de ses Parres


Hoy Cas Mèu continúa en la misma calle donde Josefina Florit abrió la tienda en los años cincuenta.

El edificio donde se encuentra la mercería, además, está protegido y cuenta con elementos exteriores e interiores con valor arquitectónico reconocidos en el PEPCHA del Ayuntamiento de Ciutadella.

Más de siete décadas después de sus inicios, la tienda sigue manteniendo una parte de su esencia original, pero también ha sabido adaptarse a los cambios.

Comenzó vinculada a las fábricas de zapatos. Pasó después a centrarse en la venta al por menor. Y, con Maria Antònia Torrent, incorporó nuevos productos, cursos y una especialización muy vinculada a una de las expresiones más características de las fiestas de Menorca.

Quizás por eso la historia de Cas Mèu no es solo la de una mercería que ha conseguido resistir el paso del tiempo.

Es también la historia de un relevo.

Y, en medio de este relevo, de una madeja que hizo que una mujer que hasta entonces bordaba por afición decidiera que aquella mercería que estaba a punto de cerrar también podía ser su proyecto de vida.

Cas Mèu cambió de manos.

Pero no cerró.

Fuente

Emblemáticos Baleares · ADRBalears