La 'peatonalización' de los años 80: una decisión criticada y exitosa

Ahora que escucho reticencias a la peatonalización inmediata de la plaza del Born o al traslado de los autobuses a la Perimetral —para algunos nunca es el momento adecuado, siempre es mejor dejarlo para más adelante— me vienen a la memoria viejos recuerdos de aquellos años en los que, desde un gobierno municipal progresista, apostamos por peatonalizar y transformar Ciutadella.

Recuerdo perfectamente las voces de alerta de aquellos que predecían el desastre cuando se eliminó el tráfico del casco antiguo. Algunos comerciantes auguraban el fin del mundo y de sus negocios si los coches no circulaban por sus calles. Pero la historia nos ha demostrado que nada de todo eso sucedió.

¿Quién duda hoy del éxito que supuso la peatonalización del centro histórico de Ciutadella y de sus plazas más emblemáticas? Hoy, décadas después, Ciutadella cuenta con un centro amable, vivo y de gran atractivo turístico. Aquella apuesta valiente ha dado frutos, y ahora solo queda culminarla: el Born es la pieza que encaja definitivamente el modelo de ciudad iniciado hace más de treinta años.

Una resistencia histórica a los cambios

Ciutadella ha sido tradicionalmente una ciudad conservadora, donde los cambios urbanísticos y de movilidad han sido difíciles de implantar. A diferencia de Mahón, donde se han construido varios aparcamientos subterráneos, en Ciutadella no se ha hecho ninguno.

Uno de los períodos con más transformaciones fue entre 1983 y 1991, durante los mandatos de Antoni Orell y posteriormente el mío. Aquellos ocho años fueron clave para la modernización de la ciudad.

Los primeros pasos hacia una ciudad más accesible

La peatonalización se impulsó siguiendo el proyecto inicial del arquitecto Josep Martorell, con el objetivo de transformar el eje entre la plaza de las Palmeras y el Born. El proceso se desarrolló en varias fases y no se completó hasta los años 1986-87.

Antes de la reforma, la plaza de la Catedral y la plaza Nova eran aparcamientos al aire libre, con tráfico constante de vehículos. A pesar de la oposición inicial de algunos sectores, el tiempo ha demostrado que la decisión benefició al comercio y a la calidad urbana.

De la polémica al triunfo

La reforma de la plaza de Artrutx o la implantación de la zona azul en la Contramurada generaron resistencias similares. Hoy nadie cuestiona su utilidad e incluso se considera necesario ampliar estas medidas.

El miedo al cambio paraliza la política actual

A pesar del éxito de estas actuaciones, los últimos quince años han estado marcados por el miedo a seguir aplicando el plan de movilidad existente. Evitar decisiones valientes es, en sí mismo, una decisión errónea.

Hacia una movilidad más sostenible

El traslado de la estación de autobuses a la Perimetral es una medida necesaria. No tiene sentido que autocares atraviesen calles estrechas generando situaciones de riesgo. Situar la estación en la zona perimetral mejoraría el intercambio de líneas y fomentaría el uso del transporte público.

La peatonalización del Born es imprescindible. Con un simple decreto de alcaldía, mañana mismo podría ser una realidad. Lo que falta es firmeza política.

Hace treinta años, un gobierno progresista transformó Ciutadella. Ahora, otro gobierno de izquierdas debería apuntalar la movilidad para las próximas décadas.

Por Antoni Salvador Caules
Marzo de 2025