Ciutadella no solo ha suspendido en transparencia. Ha dejado atrás una década de esfuerzos que la convirtieron en un referente estatal. Así lo refleja la última actualización de Dyntra, la plataforma independiente que evalúa el grado de transparencia de las administraciones públicas, que otorga al Ayuntamiento de Ciutadella un 44,6% de los indicadores cumplidos, la peor calificación registrada en los últimos diez años.
El dato adquiere una dimensión especial cuando se compara con la situación de hace solo unos años. En 2019, Ciutadella alcanzaba un 86,25% de los indicadores validados, lideraba la clasificación balear entre los municipios de más de 15.000 habitantes y llegaba a ocupar la sexta posición del ranking estatal. Hoy figura alrededor de la posición 159 del mismo ranking, después de haber perdido más de 150 puestos en solo cinco años.
La fotografía actual es especialmente significativa porque la transparencia fue una de las grandes apuestas institucionales de la pasada década. No se trataba únicamente de obtener una buena puntuación en un índice externo. El objetivo era construir una cultura administrativa basada en la rendición de cuentas, el acceso a la información pública y la fiscalización ciudadana.
Aquella etapa conllevó la publicación sistemática de datos económicos, información institucional, documentación política e indicadores que permitían a los ciudadanos seguir con detalle el funcionamiento de su administración local. La filosofía era clara: la información pública no pertenece a los gobiernos, sino a los ciudadanos.
Del liderazgo al suspenso
La trayectoria dibujada por Dyntra muestra una evolución difícil de ignorar. Entre 2017 y 2019, el Ayuntamiento protagonizó una de las progresiones más destacadas del Estado, pasando de un cumplimiento cercano al 50% a superar el 86% de los indicadores exigidos.
Aquel esfuerzo permitió convertir a Ciutadella en un referente de transparencia institucional. La información económica, organizativa y política ganó presencia en la web municipal y se implantaron mecanismos que buscaban consolidar la rendición de cuentas como una práctica habitual de la administración.
La situación actual es muy diferente. La puntuación ha caído prácticamente a la mitad y buena parte de los indicadores que años atrás contribuían a las buenas calificaciones presentan carencias, dejan de actualizarse o han perdido visibilidad.
Del 86% al 44% en cinco años. La transparencia institucional en Ciutadella ha retrocedido hasta niveles que no se veían desde principios de la pasada década.
Información que ya no es tan accesible
El descenso detectado por Dyntra no es una cuestión meramente estadística. Detrás de los indicadores hay información concreta que años atrás era accesible de manera habitual y que hoy presenta carencias, no está actualizada o ha dejado de ser fácilmente localizable para la ciudadanía.
Entre los indicadores que presentan carencias o que han dejado de estar actualizados figuran aspectos relacionados con las declaraciones fiscales de los cargos electos, las aportaciones económicas a los grupos municipales, las dietas y gastos de desplazamiento de los concejales, las sentencias judiciales que afectan al Ayuntamiento, el periodo medio de pago a proveedores y otra información económica e institucional que años atrás formaba parte de las políticas activas de transparencia del consistorio.
También ha ido desapareciendo del foco público documentación política que durante años permitió seguir con más profundidad la vida institucional. Las propuestas íntegras de los plenos, las mociones, los ruegos y preguntas de la oposición o la documentación complementaria de los expedientes tenían una presencia mucho más visible en etapas anteriores.
La diferencia es importante porque la transparencia no consiste únicamente en informar del resultado final de una votación o de un acuerdo. Consiste en facilitar que cualquier ciudadano pueda conocer los antecedentes, los argumentos, los informes y las posiciones políticas que han conducido a esa decisión.
La transparencia no consiste solo en colgar documentos en internet. Consiste en facilitar que los ciudadanos puedan encontrarlos, entenderlos y utilizarlos para fiscalizar la actividad pública. Cuando esta información deja de estar disponible, se vuelve incompleta o resulta difícil de localizar, la capacidad de control ciudadano se debilita.
El caso de las declaraciones del IRPF
Uno de los ejemplos más visibles de esta situación es el de las declaraciones fiscales de los cargos electos. A finales de 2025, Ciutadella Digital informó que dieciséis de los veintiún concejales del consistorio no habían publicado la declaración anual del IRPF correspondiente al ejercicio anterior, a pesar de que esta obligación había sido aprobada por el mismo Pleno municipal dentro de las medidas de transparencia y buen gobierno.
La cuestión tenía una carga simbólica evidente. No se trataba de una exigencia externa, sino de una norma aprobada por los propios representantes políticos. Meses después, la situación continúa sin haberse corregido de manera significativa.
El episodio pone de manifiesto una realidad más amplia: las herramientas de transparencia solo son útiles si existe una voluntad constante de mantenerlas actualizadas y operativas.
Una responsabilidad que atraviesa gobiernos
El descenso de los indicadores no se puede atribuir exclusivamente a un único gobierno municipal. La tendencia descendente ha atravesado diferentes etapas políticas. Se inició después de los máximos alcanzados durante el anterior mandato y no se ha corregido ni durante el gobierno del Partido Popular ni después de la moción de censura que devolvió al PSOE, PSM-Més per Menorca y Ciutadella Endavant la responsabilidad de gobierno.
La paradoja es que buena parte de las fuerzas políticas que durante años reclamaron más transparencia, más información pública y más mecanismos de control democrático lo hacían cuando Ciutadella ocupaba las primeras posiciones de los rankings estatales. Hoy, cuando los indicadores se han reducido prácticamente a la mitad, el debate sobre esta cuestión ocupa un espacio mucho más discreto dentro de la política municipal.
La transparencia ha desaparecido progresivamente del centro del debate político local al mismo ritmo que desaparecía de los rankings. Y esto es especialmente relevante porque buena parte de los avances logrados durante la pasada década nacieron precisamente de la presión política y social ejercida sobre las instituciones.
El Código de Buen Gobierno y una oportunidad perdida
Durante los años de máxima puntuación, el Ayuntamiento también aprobó un Código de Buen Gobierno con el objetivo de evitar que la transparencia dependiera de la sensibilidad política del gobierno de turno. La intención era incorporar estos mecanismos al funcionamiento ordinario de la institución para que se mantuvieran estables en el tiempo.
Aquella reflexión era especialmente acertada. Los responsables municipales de la época advertían que la transparencia solo sería realmente efectiva si dejaba de depender de la voluntad de un concejal concreto y pasaba a formar parte de la cultura interna de la administración.
Los datos actuales indican que este objetivo no se ha terminado de consolidar. Porque una administración transparente no es aquella que publica una nota de prensa cuando le interesa o que cumple puntualmente con algunos indicadores. Es aquella que facilita de manera sistemática, ordenada y actualizada toda la información que permite a los ciudadanos comprender, seguir y fiscalizar la acción pública.
Más que una clasificación
La importancia de estos datos va mucho más allá de una nota otorgada por una plataforma especializada. La transparencia constituye una de las principales herramientas de control democrático. Permite a los ciudadanos conocer cómo se gestionan los recursos públicos, seguir la actividad institucional y exigir responsabilidades a sus representantes.
No evita por sí sola las malas prácticas, pero la opacidad casi nunca ayuda a prevenirlas. Por eso las políticas de transparencia adquirieron tanta relevancia después de décadas marcadas por escándalos de corrupción, clientelismo y una creciente desconfianza ciudadana hacia las instituciones.
Mientras tanto, la propia web municipal continúa mostrando referencias a los excelentes resultados alcanzados años atrás, cuando Ciutadella era presentada como un modelo de transparencia. Una imagen que resume por sí sola la situación actual: el recuerdo visible de un liderazgo que se construyó durante años mientras los datos presentes dibujan una realidad muy diferente.
La cuestión no es si Dyntra da un 44% o un 86%. La cuestión es si el Ayuntamiento considera que la información pública es un derecho de los ciudadanos o simplemente una obligación administrativa a cumplir cuando hay tiempo.
Porque las instituciones no se vuelven transparentes cuando publican aquello que les interesa. Se vuelven transparentes cuando facilitan también aquello que permite a los ciudadanos controlarlas. Y es precisamente ahí donde Ciutadella parece haber dado más pasos atrás.
Consulta el último informe completo de Dyntra sobre el Ayuntamiento de Ciutadella
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