La propuesta pianística de este verano a la que nos invita Joventuts Musicals de Ciutadella cada año para rememorar la figura del maestro Anton Aguiló, dentro del Festival de Música de Verano —que este año llega a su 52.ª edición—, contó el pasado lunes con la presencia de la pianista asturiana Noelia Rodiles, nacida en Oviedo hace 39 años.
Como presentación, Pilar Carreras, presidenta de la entidad organizadora, agradeció el apoyo de las instituciones oficiales, así como el trabajo de todas las personas que forman parte de la junta, destacando que sin su dedicación no sería posible la labor continuada de Joventuts Musicals de Ciutadella. Carreras también subrayó la presencia de Miquel Cuenca y Andrea González, presidente y vicepresidenta de Joventuts Musicals de España, así como de los hijos del maestro ciudadelano homenajeado.
Un recorrido por Haydn y Schubert
En los tres discos que tiene grabados en solitario, Noelia Rodiles incluye obras de Franz Schubert, entre otros compositores, hecho que explica que el pianista vienés estuviera también presente en este recital. El concierto se inició con una sonata clásica de Joseph Haydn, la Sonata en Fa Mayor Hob. XVI:23, una obra juguetona de unos nueve minutos donde la dificultad principal radica en hacer creer al oyente que lo complejo es sencillo.
Rodiles resolvió esta exigencia con una pulsación sólida, dejando las voces de cada mano claramente definidas en los movimientos rápidos y expresando el movimiento lento central con belleza musical, lirismo y un carácter muy bien perfilado en todas las frases.
A continuación, la pianista interpretó tres lieder de Schubert en la transcripción de Franz Liszt: Tú eres la calma, Gretchen en la rueca i Ständchen. En estas piezas, Rodiles demostró un profundo dominio del instrumento, abordando el romanticismo que exigen con un cuidadoso trabajo de matices y unas dinámicas muy bien diferenciadas, tanto en el registro piano como en los pasajes de mayor intensidad.
La profundidad de la Sonata en si bemol mayor D. 960
Franz Schubert compuso la Sonata en si bemol mayor D. 960 en septiembre del mismo año de su muerte, en 1828. Noelia Rodiles, que ha incorporado esta obra en diversas actuaciones durante el último año, demostró un control sólido de la arquitectura compositiva de la pieza, con una madurez propia de los músicos especializados en el repertorio schubertiano.
En el segundo movimiento, la pianista ovetense ofreció una lectura personal, conduciendo el discurso musical con una cerebralidad notable y transmitiendo al público la profundidad de este testamento sonoro. El tercer y cuarto movimiento invitan a imaginar la existencia del alma en un mundo liberado del sufrimiento, viajando a través del tiempo con serenidad y luz.
Rodiles destacó por su pulcritud técnica, la calidez del sonido y el control mental ante una obra de gran envergadura. En el último movimiento, Schubert presenta temas aparentemente inofensivos que, gracias a una insistencia rítmica persistente, evocan el sufrimiento terrenal dentro de una atmósfera de plenitud y calma. La pianista bordó esta complejidad emocional, haciéndonos transitar por todos estos estados de ánimo.
Un cierre elegante
El público, visiblemente emocionado, despidió a Noelia Rodiles con largos aplausos, que la pianista correspondió con la interpretación del Momento musical Op. 94, núm. 3 de Schubert como propina. De esta manera se cerró, con elegancia y calidad, una nueva cita estival del Festival de Música de Verano de Joventuts Musicals de Ciutadella.

