Laala, Mana, Amina, Yamila y Ahmet regresan hoy a los campamentos de refugiados del Sáhara con la mochila llena de recuerdos. Durante siete semanas han vivido en Menorca experiencias que quizás parecen cotidianas para muchos niños de aquí, pero que para ellos son tesoros: bañarse en el mar, jugar sin límites, probar comidas nuevas y, sobre todo, sentir el calor de una familia que los ha recibido como hijos e hijas propios.
Este verano, gracias al programa Vacaciones en Paz, cinco niños saharauis han encontrado en la isla un espacio de acogida, afecto y seguridad. Han podido pasar revisiones médicas esenciales, pero también han descubierto un entorno donde la solidaridad se vive de manera natural. Las familias menorquinas que les han abierto las puertas han sido su pilar, convirtiéndose en testigos y partícipes de un intercambio vital que deja huella en todos.
«Este proyecto es un puente de afecto que une Menorca con el Sáhara.»
Vacaciones en Paz es mucho más que unas vacaciones de verano. Es un compromiso con la justicia y con la fraternidad hacia el pueblo saharaui, que desde hace décadas resiste en el exilio. Un proyecto posible gracias a la implicación generosa de las familias de acogida, a los profesionales de la salud que colaboran y al apoyo institucional que asegura su continuidad.
Hoy estos cinco niños regresan a su casa, pero saben que aquí, en Menorca, siempre tendrán otro hogar que les espera con los brazos abiertos.

