Nació una mañana de verano en la playa de Sant Tomàs, llenó el Teatre de Butxaca en Ciutadella y, casi sin deshacer la maleta, recibió el aplauso de un público profesional en el Festival Internacional de Payasas de Palautordera. La Capitana Tramuntana es más que un personaje: es en parte el reflejo del viaje personal y profesional de la actriz Gemma Moll, quien nos revela las claves de un oficio donde el 80% del trabajo no se ve sobre el escenario.
Un personaje nacido en el mar
Toda buena historia tiene un inicio casi mágico, y la de la Capitana Tramuntana no es una excepción. Gemma Moll tenía el reto anual de crear una pieza familiar para el Teatre de Butxaca de Ciutadella, y esta vez quería subir sola al escenario. Las ideas, sin embargo, no terminaban de llegar. Hasta que una mañana de verano, charlando con la directora Ainoa Pons en la playa de Sant Tomàs, surgió la inspiración. «¿Te acuerdas del nombre que te puse hace unos años? Capitana Tramuntana», le dijo Pons. «Y ahí mismo… ¡clic!», recuerda Gemma. «Las ideas empezaron a venir solas: señora, mar, superheroína, cormorán. Ya lo teníamos».
Así, entre olas, nació esta mujer mayor que ha dedicado su vida a rescatar cormoranes y que, a punto de jubilarse, busca desesperadamente un relevo. «Si aquel día, en lugar de ir a nadar, hubiéramos ido a merendar, quizás la obra habría tratado sobre una mujer que hace cruasanes», bromea la actriz. «Pero el mar decidió que fuera una superheroína».
Más allá del escenario: la realidad del oficio
El éxito del estreno en Can Saura, con todas las entradas vendidas, es solo la punta del iceberg. Detrás del personaje hay una profesional que, tras formarse en Barcelona y regresar a Menorca, ha encontrado en el clown y los cuentos un lenguaje propio. Pero, ¿cómo es realmente su profesión? «Pensamos que es muy creativa y 'volada', pero en realidad tengo que mantener mucho los pies en la tierra», confiesa. «Paso muchas más horas de las que me gustaría frente al ordenador aprendiendo a venderme, haciendo diseño, administración… Eso que no se ve es, en realidad, un 70% o incluso un 80% de mi trabajo».
Para ella, el teatro es una herramienta para entender el mundo, un «superpoder» que te permite empatizar con los demás al ponerte en su piel. El mayor reto, sin embargo, no ha sido externo, sino interno: «Luchar contra los límites que yo misma me he puesto ha sido lo más difícil. Eliminar creencias como que era muy difícil ganarse la vida haciendo teatro». Por eso, su consejo a cualquier niño que quiera seguir este camino es claro: «No hagas caso de quien te diga que es difícil. Si quieres dedicarte a ello, ponle tiempo y energía. No hay límites, crea tú tu futuro». Y añade una clave: «Es importante rodearte de gente como tú, que te comprende».
«Todas eran como yo»: la revelación en Palautordera
Justo al día siguiente de estrenar en Ciutadella, Gemma viajó al Festival Internacional de Payasas de Palautordera, un referente mundial. Metió el material de la Capitana en el coche «por si acaso», y el «por si acaso» se hizo realidad. Le ofrecieron un espacio para mostrar la obra. La experiencia fue una inmersión total: «Es como entrar en un mundo paralelo donde todas son como yo: intensas, sensibles, creativas… Convivimos siete días durmiendo en las caravanas del circo, era como vivir dentro de una película».
El ambiente y la formación recibida generaron vínculos tan profundos que «al cabo de un día de conocerlas, ya las quería». Esta conexión fue clave para vencer la inseguridad inicial de actuar con su cuentacuentos «Boom Flap Boing». «Tenía la vocecita que me decía: 'el público espera ver payasas de verdad'», admite. Pero la convivencia lo cambió todo. «Cuando subí a escena, ya no era la misma Gemma Moll de siempre. Era una payasa que cuenta cuentos. Y viví una de las mejores actuaciones de mi vida».
El gran momento llegó con la Capitana Tramuntana, ante un público profesional y exigente. «Estaba supernerviosa. Sabes que te están observando con ojos muy atentos», explica. A pesar de la presión, la actuación fue «muy bien». «Las veía reír y con eso ya era suficiente». El mejor reconocimiento, sin embargo, llegó después: «Una compañera me dijo que la había inspirado, que le había dado ganas de atreverse a mostrar algo suyo el año que viene. Eso fue muy potente, sentir que de alguna manera había abierto camino».
Con nuevos proyectos en el horizonte y una agenda llena de viajes a Mallorca y Cataluña, Gemma Moll ha demostrado que, a veces, solo hace falta zarpar de un pequeño muelle para descubrir que tu viaje puede llegar mucho más lejos de lo que habías imaginado.

