La Orquesta de Cámara Illa de Menorca, con Francesc Prat al frente, interpreta la sexta sinfonía, un himno a la naturaleza.
Edu Cendán | JUVENTUDES MUSICALES
Hace unos años que la Orquesta de Cámara Illa de Menorca mantiene un idilio con Ludwig van Beethoven. Si en 2022 la cita era con el Destino, con la quinta sinfonía, y en 2024, con la Fraternidad que emana de la novena, este año era el turno de la Naturaleza y la sexta de las sinfonías compuestas por el artista de Bonn.
Un Beethoven contemplativo e impresionista
Conocida popularmente como La Pastoral, esta obra representa un hito tanto en la evolución del lenguaje musical como en la expresión artística del vínculo entre el ser humano y la naturaleza. Contrariamente a la pasión y la fuerza que desprenden las otras dos sinfonías, en esta encontramos a un Beethoven mucho más contemplativo, dando casi pinceladas impresionistas para describir su entorno.
De hecho, el compositor era un apasionado de los largos paseos por el campo, y encontraba en la naturaleza esa fuente de inspiración que plasma después en la partitura.
El concierto inaugural: Coriolano, Haydn y Beethoven
La primera de las dos citas de la OCIM fue el 8 de julio en el Teatre des Born de Ciutadella para inaugurar el 53.º Festival de Música de Verano que organiza Juventudes Musicales de Ciutadella, y el día 9 en el Teatro Principal para hacer lo mismo con el Festival de Música de Mahón.
En ambos casos, la velada se abría con la Obertura Coriolano op. 62 del propio Beethoven, una pieza trágica dedicada al poeta Heinrich Joseph von Collin. Acto seguido, sin pausa, llegó el turno de La representación del Caos, de Haydn, preludio de La Creación.
La Pastoral: cinco movimientos y ninguna pausa
De nuevo sin pausa, comienza la Sexta. Una de sus peculiaridades es que está dividida en cinco movimientos, a diferencia de las estructuras clásicas, donde siempre había cuatro. Pero Beethoven es eso: la ruptura de las normas establecidas. El primer artista con conciencia de sí mismo como entidad creadora.
Atacan los 33 músicos de la OCIM a la orden de su director, Francesc Prat, que dirige con las manos desnudas. Toda una declaración de principios. Prat es un director que dialoga con la orquesta, que establece una conexión con los músicos y hace que la melodía fluya armónica y acompasada.
De la alegría pastoral a la tormenta
El primer movimiento es el despertar de los sentimientos en el campo, con una atmósfera alegre y distendida. El segundo movimiento reproduce el transcurrir del agua del río y el canto de los pájaros a través de las cuerdas y los vientos.
El allegro del tercer movimiento evoca las danzas campesinas. Pero llega la tormenta: el cuarto movimiento marca la inestabilidad armónica y la tensión. El timbal y las disonancias anuncian el clímax antes de que la trompeta ponga fin al temporal.
Una conclusión lírica y una ovación merecida
El quinto movimiento cierra la obra con una melodía serena. Retorna la calma y la paz. La ovación del público nos devuelve a la realidad. Durante más de una hora, la música nos ha transportado por paisajes sonoros, confirmando el idilio entre la OCIM y el genio alemán.

