La palabra "woke" en inglés significa "despierto". En la década de los años 30 en Estados Unidos, "woke" originalmente significaba estar alerta ante los prejuicios y la discriminación racial, especialmente referida a los afroamericanos.
Evolución del término
A partir de los años 2010, el término se amplió para referirse a la toma de conciencia sobre las desigualdades sociales: la injusticia racial, el sexismo, la negación de los derechos LGTBI y todo aquello relacionado con las llamadas políticas identitarias. Sobre todo en 2014, "woke" cobró fuerza a raíz de los activistas de Black Lives Matter, que buscaban concienciar sobre la violencia policial contra los afroamericanos.
Por políticas identitarias se entienden aquellas que defienden a grupos específicos que sufren discriminación o injusticia social. Priorizan los intereses del grupo por encima de cuestiones más generales o ideológicas.
Ámbito de actuación
El activismo "woke" puede referirse a cuestiones tan diversas como la equidad racial y social, el feminismo, el movimiento LGTBI, la identidad de género, el multiculturalismo, el activismo ecológico, el nacionalismo o el poscolonialismo.
La etiqueta #Staywoke significa mantenerse consciente de las injusticias, discriminaciones y marginaciones que sufren determinados colectivos, cuestionar las normas opresoras y luchar por el empoderamiento de los grupos vulnerados. Progresivamente, "woke" pasó a identificarse con las políticas de izquierdas o liberales.
Polarización política
En Estados Unidos, estas políticas se asocian habitualmente al Partido Demócrata de Joe Biden y a figuras como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. En cambio, Donald Trump y el ala más extrema del Partido Republicano consideran la ideología "woke" una amenaza a los valores tradicionales e incluso a la democracia, que —afirman— quiere ser reemplazada por una supuesta "tiranía woke". Este choque político ha convertido el debate en una batalla cultural.
Los conservadores más radicales acusan al movimiento "woke" de emplear métodos coercitivos como el acoso o la "policía de la palabra". También critican la cultura de la cancelación: el boicot público a artistas o figuras conocidas que expresan opiniones percibidas por algunos grupos como misóginas, homófobas o racistas.
Wokismo y capitalismo
En los últimos años, algunas empresas han incorporado políticas o discursos alineados con el discurso "woke". Un caso conocido es el de Disney, que eligió a una actriz negra para protagonizar la nueva versión de La sirenita. La decisión generó controversia: mientras algunos la celebraban, otros la consideraron activismo "woke". Algunos críticos incluso denunciaron "woke-washing", es decir, un intento de mejorar la imagen de la compañía a través de posiciones progresistas.
El término "capitalismo-woke" se utiliza para describir marcas que adoptan mensajes progresistas para conectar con un público liberal.
Críticas dentro de la izquierda
A pesar de los éxitos evidentes en la lucha por los derechos de colectivos discriminados, diversos sectores de la izquierda critican el activismo "woke". Afirman que ha abandonado la perspectiva de clase propia de la izquierda tradicional y ha sustituido los planteamientos universalistas por reivindicaciones identitarias.
Esto hace que se prioricen cuestiones como la orientación sexual, la identidad nacional o de género, por encima de aspectos estructurales como las desigualdades económicas, la distribución de la riqueza o el acceso igualitario a la educación y la cultura.
Un debate abierto
Algunos pensadores afirman que, para una parte de la izquierda actual, es más determinante formar parte de una minoría identitaria que de una clase social explotada dentro de un sistema capitalista desigual. Con esto, el movimie

