El problema de la vivienda en Menorca sangra. Y, mientras sangra, las administraciones se hacen la foto. El Consell Insular ha anunciado recientemente la compra de nuevos terrenos para construir vivienda protegida. Un millón de euros por un solar en Es Mercadal, y otro millón para Alaior y Ferreries. Pero la realidad es tozuda: las promociones no estarán terminadas antes de 2029 o 2030. Es decir, dentro de cinco años, si todo va bien.
Una crisis que expulsa
¿Cuántas familias habrán tenido que dejar la isla antes de que estas llaves lleguen a sus manos? ¿Cuántos trabajadores no habrán podido aceptar un trabajo aquí por falta de un alquiler asequible? ¿Cómo esperan que vengan maestros, policías, sanitarios, si no pueden ni encontrar un lugar digno donde vivir? Es una crisis que expulsa, lentamente pero implacablemente, a quien no juega en la liga de los sueldos altos y las herencias.
Fuegos artificiales y maquillaje
Hacer anuncios sobre adquisiciones de suelo público puede tener valor como política a largo plazo, pero hoy por hoy son fuegos artificiales. Una manera de maquillar un drama que afecta al día a día de los menorquines. La verdadera solución pasa por medidas más valientes e inmediatas: regulación estricta de los precios, bonificaciones potentes para los residentes, limitación de la compra de propiedades por parte de no residentes, y una política fiscal que priorice el uso residencial por encima del especulativo.
Proteger Menorca
Menorca no es una urbanización. No puede serlo. Y sus pueblos no pueden seguir jugando una partida perdida contra los alquileres turísticos. Proteger a los residentes debería ser el objetivo común y prioritario de todos los partidos políticos de la isla.
Construir vivienda pública está bien. Hacerlo a tiempo y con equidad es imprescindible.
Comprar solares, cederlos al IBAVI, hacerse la foto... y ya veremos en 2030. La operación ha ido bien, pero la dueña ha muerto.
Solo en los municipios «amigos»
Los últimos anuncios de adquisición de suelo público por parte del Consell Insular se han concentrado exclusivamente en municipios gobernados por el mismo color político: Es Mercadal, Alaior y Ferreries. Otras localidades, donde el PP no gobierna, permanecen de momento huérfanas de este tipo de inversiones, hecho que ha alimentado el creciente escepticismo.
En cualquier caso, se trata de proyectos que, en el mejor de los escenarios, no serán una realidad antes del final de la legislatura. Y para entonces, el agua ya le habrá llegado al cuello a muchos jóvenes que habrán renunciado a formar un proyecto de vida en su tierra.

