Buenas tardes. Buenas noches, buena gente.
Hoy estamos aquí en cuerpo y alma. En cuerpo, para hacer visible la preocupación que hace tiempo que venimos acumulando ante el camino que está tomando Menorca y que nos desvía de la ruta diferenciada que siempre había tenido nuestra isla.
Pero también estamos aquí en alma, para dejar claro que no nos quedaremos de brazos cruzados si las instituciones se muestran incapaces de reaccionar ante los problemas crecientes que vivimos, o si, como han hecho estos últimos días, toman decisiones que significan más desprotección ante unos mercados que no entienden ni de límites ni de ética.
Menorca se ha puesto de moda. Se ha puesto muy de moda. ¿Y sabéis qué cosas son las que se valoran más de Menorca? Pues las mismas cosas que siempre se muestran en las ferias y en las promociones turísticas: las playas vírgenes, los amplios paisajes sin construcciones, el Camí de Cavalls, la declaración de Menorca como Reserva de Biosfera.
Sí, amigos y amigas. Los que promueven de manera ininterrumpida la masificación que tanto está afectando a Menorca no muestran nunca las urbanizaciones, ni los hoteles de Son Bou, ni las grandes rotondas de las carreteras, ni el agua salobre que ya sale en muchos pozos. Muestran aquello que hemos sabido conservar aquellos y aquellas que tantas veces han salido a defender este territorio que amamos.
Por eso resulta muy chocante que, desde determinados ámbitos, siempre nos quieran calificar de antiturísticos, cuando precisamente somos la gente que ha sabido ver siempre el valor diferenciado de la conservación de los parajes, de la cultura y de la identidad menorquina.
Viendo cómo la mayor parte de la industria turística se basa en mostrar estos valores, nos tenemos que preguntar si a aquellos que nos acusan de ir en contra de la economía no les convendría, tal vez, hacer algún cursillo básico de economía.
Saben que Baleares ha triplicado el número de turistas pero ha bajado espectacularmente de renta per cápita? Sí, mientras recibimos cada año más turistas y sufrimos todos los inconvenientes de la masificación, nos hacemos cada vez más pobres. En treinta años hemos pasado de ser la primera o la segunda comunidad autónoma en renta per cápita a ser la número doce, con tres veces más turistas.
Ciertamente, los presuntos expertos que nos dicen que no entendemos de economía se lo tendrán que hacer mirar, porque han perdido la credibilidad.
Y también nos tenemos que preguntar si aquellos que nos acusan de ser antiturismo no se tendrían que reciclar un poco precisamente en materia turística. Porque esto que estamos haciendo hoy, esta demostración ciudadana de protesta contra la masificación, vuelve a ser una ayuda para el turismo bien entendido.
Para nosotros, el turismo de calidad no es el que tiene más dinero en el bolsillo ni el que va con una pulsera de todo incluido. El turismo de calidad es aquel que ama las características propias de la isla, que respeta los ámbitos donde vivimos habitualmente los residentes, que no intenta especular con un territorio que tanto ha costado conservar y que repite visitando la isla porque se ha enamorado de este lugar.
Y la masificación —escuche bien, señor presidente del Consell Insular y señores prohombres del mundo turístico— hace huir a este turismo de calidad. Por eso les pedimos, desde esta plaza llena de gente, que sean profesionales con sus decisiones, que aparquen los prejuicios y los falsos estereotipos y que nos ayuden a frenar la masificación.
Menorca ha hecho mucho para conservar el litoral y el interior, el paisaje y los valores naturales. Pero ahora quien está en serio peligro es el menorquín, la población residente. La gente que vive aquí todo el año y sabe que en verano no puede ir a la mayoría de playas.
Son las personas que ven cómo muchos precios se ponen a la altura de este malentendido turismo, convirtiendo bares, restaurantes y comercios en una oferta elitista o vacía de realidad.
También están en peligro los jóvenes que han salido de la isla para formarse y que después no pueden volver porque aquí no se generan profesiones cualificadas. Jóvenes que, si tienen la suerte de regresar, se encuentran con unos precios de la vivienda absolutamente inalcanzables y tienen que compartir piso como cuando eran estudiantes. ¿Cómo quieren que nos creamos que este es el camino del bienestar?
La campaña que enmarca esta movilización la hemos llamado Vía Menorca, porque creemos que es imprescindible volver a encontrar un camino diferenciado que aporte una vida digna a los habitantes de la isla y nos ayude a conservar aquello que amamos.
No es solo una campaña de protesta, sino una lista de propuestas que, sumadas, pueden ayudar a reorientar el rumbo equivocado que hemos tomado hace tiempo.
Esta movilización no es la primera acción. En 2021 el GOB ya publicó vídeos con indicadores preocupantes de saturación de playas, congestión náutica y consumo excesivo de agua. En 2022 se realizaron actos reivindicativos con la campaña La Menorca Insostenible.
El año pasado se inició el ciclo Menorca a la Deriva, que permitió abrir debates y recoger propuestas que han nutrido esta iniciativa.
Este año, sin embargo, era necesario aumentar el altavoz ante las medidas anunciadas por el Gobierno Balear y el Consell Insular, que agravan la situación.
Por todo esto estamos hoy aquí, en cuerpo y alma. Hoy hemos convertido por un día la Plaza Biosfera en Cala Biosfereta, para demostrar que también sabemos organizarnos, reivindicar y no rendirnos.
Dedicaremos tiempo y energía a combatir la masificación turística, a recuperar el derecho a la vivienda, a impulsar un uso racional del agua y a promover la diversificación económica de la isla.
Muchas gracias a toda la gente que ha colaborado para hacer posible esta concentración. Cala Biosfereta se ha llenado hoy de esperanza por una Menorca mejor.
Nos volveremos a encontrar. Gracias.
