
N.P. CIUTADELLA DIGITAL
Para muchos, el punk es una actitud; para unos pocos, es una forma de vida. Y para Marky Ramone, es una misión.
EEs Claustre de Mahón se convirtió en un templo del punk rock, acogiendo una de las paradas más esperadas de la gira “Rock And Roll Blitzkrieg Forever”. Con 26 ciudades en su itinerario, esta gira no es solo un homenaje a los Ramones, sino una declaración de resistencia sonora por parte del último batería vivo de la formación clásica.
Sin preámbulos ni nostalgia vacía, Marky Ramone subió al escenario con la misma fuerza que lo llevó a ser parte de una de las bandas más icónicas de la historia. Acompañado de un power trio sólido y entregado, desató un repertorio cargado de energía, velocidad y autenticidad. El aire se llenó de himnos atemporales como “Blitzkrieg Bop”, “Sheena Is a Punk Rocker” o “I Wanna Be Sedated”, coreados con pasión por un público totalmente entregado.
Los muros de piedra de Es Claustre vibraron como nunca. El escenario, ubicado en este recinto de solemnidad arquitectónica, se convirtió en una contradicción maravillosa: la historia al servicio de la rebelión. Punk y piedra, sudor y silencio, pasado y resistencia.
Marky, con su mirada imperturbable y los brazos firmes tras la batería, no necesita palabras para recordarnos de dónde viene. Su toque, fiel a la escuela Ramone, es como un metrónomo del caos que ha sobrevivido a décadas de modas y decadencias.
En una época donde todo parece efímero, esta actuación fue un recordatorio de qué significa persistir. De qué quiere decir no claudicar. Y de cómo la música, cuando se vive con convicción, puede hacer que el tiempo se detenga por unos instantes.
Hey ho, let’s go… pero con la certeza de que anoche, en Mahón, el punk volvió a ser sagrado.

