Hay personas que ejercen una profesión. Y hay otras que terminan representando una manera de entenderla. Sebastià Aguiló Moll era una de ellas. Su muerte repentina a los 68 años deja a Ciutadella sin uno de los médicos más queridos de las últimas décadas, pero también sin una manera de ejercer la medicina basada en la proximidad, la escucha y el compromiso con las personas.
En una época marcada por las prisas, las pantallas y la burocracia, muchos de sus pacientes recordarán sobre todo una consulta donde todavía había tiempo para conversar. Para escuchar antes de diagnosticar. Para entender que detrás de cada historia clínica había una persona, una familia y unas circunstancias que también formaban parte del tratamiento.
Esta manera de entender la profesión lo convirtió, con los años, en uno de los médicos de referencia de Ciutadella. No tanto por los cargos que ocupó o por los títulos que obtuvo, sino por la confianza que generaba en diversas generaciones de ciutadellencs.
Una vocación construida al lado de los pacientes
Nacido en Ciutadella en el año 1958, estudió en los Salesianos antes de licenciarse en Medicina en Barcelona y especializarse en Medicina Familiar y Comunitaria. Más adelante ampliaría su formación en traumatología deportiva, una disciplina que conectaba con otra de sus pasiones: la actividad física como herramienta de salud y prevención.
A lo largo de más de cuarenta años combinó el ejercicio de la medicina privada con el servicio público. Pasó por el Geriátrico Municipal, por el Centro Sociosanitario Santa Rita y, desde marzo de 2024, formaba parte del equipo del Centro de Salud Canal Salat, donde continuaba atendiendo a sus pacientes con la misma dedicación que había caracterizado toda su trayectoria.
Para muchos ciutadellencs era, sencillamente, «el doctor Aguiló». Una expresión que iba mucho más allá del tratamiento protocolario y que reflejaba la confianza que había construido durante décadas.
La proximidad como forma de entender la medicina
Su manera de trabajar recordaba aquella medicina de proximidad que pone a la persona en el centro. Conocía a sus pacientes, a sus familias y, a menudo, también el contexto vital que había detrás de cada consulta.
Esta proximidad no sustituía el rigor profesional. Al contrario. Formaba parte de una manera de entender la práctica médica en la que el conocimiento científico y el trato humano caminaban juntos.
Por eso muchas personas no solo acudían buscando un diagnóstico. También buscaban la serenidad de alguien que sabía escuchar, explicar y acompañar.
Comprometido también con la ciudad
Su vocación de servicio no se limitó a la consulta. Entre 1983 y 1987 formó parte del Ayuntamiento de Ciutadella como concejal del Partido Socialista en el gobierno presidido por Antoni Orell, asumiendo responsabilidades relacionadas con la sanidad y el Hospital Municipal.
Aquella etapa política fue breve, pero coherente con una manera de entender la profesión que trascendía el ámbito estrictamente asistencial. Para él, la salud también se construía desde las instituciones y desde los servicios públicos.
A pesar de esto, siempre regresaba al lugar donde se sentía más útil: la consulta y el contacto directo con los pacientes.
Un legado que perdurará
Su muerte ha provocado una profunda conmoción en Ciudadela porque son muchas las personas que, en algún momento de su vida, compartieron una conversación, una visita o un diagnóstico con él. La mejor prueba de su legado es que resulta difícil encontrar a alguien que no destaque su humanidad antes que su currículum.
Estaba casado con la maestra Margarita Triay y era padre de tres hijos.
Con la desaparición de Sebastià Aguiló, Ciudadela pierde a un médico excelente. Pero, sobre todo, pierde una manera de entender la medicina que convertía cada visita en un acto de confianza y a cada paciente en una persona a quien dedicar tiempo, escucha y respeto.

