El Ayuntamiento de Ciutadella llevará esta semana al Pleno la aprobación inicial del presupuesto municipal de 2026, que asciende a 46,2 millones de euros, la cifra más alta de la historia del municipio. Si no se presentan alegaciones durante el período de exposición pública, las cuentas quedarán aprobadas definitivamente el próximo 6 de febrero, ya bajo la nueva alcaldía de Maria Jesús Bagur (PSM–Més per Menorca), en aplicación del acuerdo de la moción de censura.
Un presupuesto continuista que cierra una etapa
El presupuesto de 2026 es también el último elaborado con Llorenç Ferrer (PSOE) como alcalde, y actúa como un presupuesto de transición dentro de la legislatura. Las cifras consolidan el giro iniciado en 2025, primer ejercicio completo del gobierno surgido de la moción de censura, y apuestan por ordenar la organización interna y reforzar los servicios públicos municipales.
El incremento global del 5,98% respecto al año anterior se explica principalmente por una actualización de las previsiones de ingresos, y no por una subida de impuestos. El Ayuntamiento no modifica tipos ni ordenanzas fiscales, sino que afina los cálculos de recaudación a partir de una mayor precisión de los padrones y de una gestión más ajustada de los ingresos corrientes.
El peso del personal, dentro de la media municipal
El gasto de personal concentra el 36,4% del presupuesto municipal, una proporción elevada pero habitual en ayuntamientos de dimensión mediana. Se trata de un porcentaje que se sitúa dentro de los estándares del mundo local y que, en el caso de Ciutadella, está fuertemente condicionado por la aplicación de la Relación de Puestos de Trabajo, una reivindicación histórica de la plantilla municipal.
Este proceso permite regular funciones, categorías y necesidades reales de personal, pero también consolida un volumen de gasto estructural que tiene impacto directo sobre el margen presupuestario futuro.
Cuando la suma lo condiciona todo
El verdadero elemento crítico del presupuesto no es tanto el capítulo de personal como la suma de este con el gasto corriente en bienes y servicios, que supera el 40% del total. Juntos, estos dos bloques comprometen cerca del 80% del presupuesto municipal, dejando un margen muy reducido para inversiones propias y para nuevas políticas con capacidad transformadora.
Esta estructura presupuestaria explica una de las grandes contradicciones del documento: a pesar de ser el presupuesto más elevado de la historia de Ciutadella, la capacidad real de impulsar proyectos de ciudad es limitada.
Inversión directa limitada y dependencia de otras administraciones
La propia Memoria de Alcaldía reconoce que la mayor parte de las actuaciones de mayor alcance dependen de la financiación de otras administraciones, mientras que la inversión municipal directa se limita a poco más de 750.000 euros, una cifra que representa solo el 1,6% del presupuesto total.
El documento insiste reiteradamente en que el Ayuntamiento buscará otras fuentes de financiación y que continuará trabajando conjuntamente con el Consell Insular de Menorca y el Gobierno de las Islas Baleares, asumiendo que muchos proyectos estratégicos solo son viables con aportaciones externas.
Entre los ejemplos que aparecen explícitamente en la Memoria están los convenios con el Consell Insular para actuaciones en verde urbano, movilidad o caminos; proyectos vinculados al Plan de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD); así como intervenciones en patrimonio, equipamientos culturales o posibles adquisiciones de suelo, todas ellas condicionadas a ayudas supramunicipales.
Inversión real: 23 euros por habitante
Con una inversión municipal directa de 744.800 euros y una población de 32.431 habitantes según el padrón del INE de 2025, la inversión real prevista para 2026 se sitúa en unos 23 euros por habitante y año.
Un dato que pone en contexto el alcance real del presupuesto y refuerza la idea de un modelo orientado principalmente a sostener la estructura existente y el funcionamiento ordinario del municipio.
Un déficit estructural de largo recorrido
Este escaso margen inversor no es un problema exclusivo del actual equipo de gobierno, sino un déficit estructural que Ciutadella arrastra desde hace años. Históricamente, esta limitación se ha podido compensar en parte gracias a una mayor coincidencia política entre instituciones, que favorecía sinergias y acuerdos para financiar proyectos de ciudad.
En el contexto actual, con gobiernos de signo diferente a nivel insular y autonómico, esta dependencia de recursos externos se convierte en un factor de fragilidad que puede condicionar la capacidad del municipio para impulsar actuaciones de mayor alcance.
El factor institucional y el horizonte de 2027
El presupuesto de 2026 garantiza estabilidad interna y continuidad en los servicios, pero también fija un escenario exigente para el tramo final del mandato. La capacidad de tejer acuerdos con otras administraciones será clave para determinar hasta qué punto Ciutadella puede avanzar en proyectos transformadores de cara a las elecciones municipales de 2027.

