Feminismo y religión han sido a menudo presentados como caminos opuestos. El debate sobre el aborto, la libertad sexual o la violencia de género ha reforzado esta percepción en las últimas décadas. Pero cada vez son más las mujeres creyentes que rechazan esta dicotomía y defienden que fe y lucha por la igualdad no solo son compatibles, sino mutuamente coherentes.
En este contexto, la asociación menorquina Alcem la Veu celebra este sábado en Ciudadela un encuentro de zona que reunirá a mujeres de Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares. El acto central será la charla-coloquio de Pepa Moleón, una de las voces activas del movimiento Revuelta de Mujeres en la Iglesia.
De Menorca al movimiento internacional
Alcem la Veu Menorca nació a finales de 2020 a raíz de la polémica decisión del Obispado de vetar a una catequista casada civilmente con su pareja. Aquel episodio generó desconcierto e indignación en sectores parroquiales y activó a un grupo de personas que decidieron organizarse para trabajar por una Iglesia «más justa, igualitaria y dialogante».
El colectivo defiende una moral sexual no excluyente, el reconocimiento de la diversidad familiar y la plena participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida eclesial. Su lema resume esta aspiración: «Hasta que la igualdad sea una costumbre».
Sinodalidad y corresponsabilidad real
El encuentro de este sábado se centra en la sinodalidad, el proceso impulsado por el papa Francisco con la voluntad de escuchar a todo el “pueblo de Dios”. La cuestión que plantean es directa: ¿esta escucha incluirá realmente a las mujeres en los espacios de decisión?
«La desigualdad entre hombres y mujeres dentro de la Iglesia no es sostenible por más tiempo», ha afirmado Pepa Moleón en diferentes intervenciones públicas. Según explica, la Revuelta de Mujeres en la Iglesia es heredera de un largo recorrido de colectivos feministas cristianos que desde los años 70 y 80 trabajan por la renovación eclesial.
Feminista y creyente
Moleón se define como «mujer feminista y creyente». Pedagoga de formación y funcionaria del Servicio Público de Empleo Estatal, ha crecido en colectivos como Somos Iglesia, Mujeres y Teología y Redes Cristianas. Actualmente preside la Fundación Luz Casanova y milita en el movimiento social por un sistema público de pensiones.
Su trayectoria vincula espiritualidad y compromiso social. «Me preocupa y ocupa la desigualdad entre géneros, clases y países», afirma. Y en cuanto a la Iglesia, denuncia «la ausencia de las mujeres en la reflexión, la experiencia compartida y la toma de decisiones».
¿Qué dice realmente el Evangelio?
Una de las líneas centrales del feminismo cristiano contemporáneo es la relectura de los textos bíblicos. Diversas teólogas defienden que el Nuevo Testamento muestra un protagonismo femenino que no siempre se ha reflejado en la estructura institucional posterior.
Figuras como María Magdalena —considerada por muchos estudios una de las primeras testigos de la resurrección y pieza clave del cristianismo primitivo— han sido durante siglos relegadas a un segundo plano. Las voces feministas argumentan que Jesús trata a las mujeres con respeto, las escucha y se deja interpelar por ellas, en contraste con la rigidez jerárquica posterior.
Esta línea de pensamiento sostiene que la contradicción no se encuentra tanto en el Evangelio como en determinadas formulaciones doctrinales y estructuras de poder desarrolladas con el paso del tiempo.
Un debate que incomoda
Las impulsoras del movimiento son conscientes de que generan desconfianza tanto en sectores eclesiales como en algunos ámbitos feministas laicos. No obstante, insisten en que su apuesta no es abandonar la Iglesia, sino transformarla desde dentro.
Diversos estudios sobre mujeres, espiritualidad y feminismos apuntan que muchas creyentes no perciben contradicción entre fe e igualdad, sino que entienden la defensa de los derechos como una consecuencia directa del mensaje evangélico de dignidad y justicia.
El encuentro de Ciudadela se inscribe en esta corriente más amplia que cuestiona si la sinodalidad será un ejercicio simbólico o si comportará cambios reales en la cultura eclesial.
Para Alcem la Veu, la pregunta no es si el feminismo tiene cabida dentro de la Iglesia, sino si la Iglesia puede permitirse ignorar por más tiempo la voz de sus mujeres.

