Antes de convertirse en uno de los símbolos del verano menorquín, la abarca era sobre todo un zapato de trabajo. Un calzado sencillo, resistente y pensado para proteger los pies de campesinos y canteros. En Ciutadella, una familia de zapateros ha vivido buena parte de la transformación de aquella pieza de cuero y neumático en un producto que hoy sale de Menorca hacia mercados de todo el mundo. Es la historia de Avarca Pons, una empresa familiar que acumula tres generaciones dedicadas al calzado.
De la calle del Degollador a la fábrica
La historia de Avarca Pons comienza en el año 1945 en la calle del Degollador de Ciutadella. En sus inicios, la actividad estaba centrada en la elaboración de zapatillas para otras fábricas, en una época en la que la fabricación de calzado formaba parte del tejido industrial de la ciudad.
En el año 1952 nació Juma, la primera marca propia de zapatillas. Con el tiempo, la empresa también incorporó modelos de zapatos de calle y calzado para señora, mientras la familia iba consolidando una actividad que continuaría pasando de padres a hijos.
La fábrica permaneció durante décadas en la misma calle del Degollador. No sería hasta 2009 cuando la producción se trasladaría al polígono industrial de Ciutadella, adaptándose a las nuevas necesidades de una industria que había cambiado profundamente.
Pero en aquella trayectoria había un producto que acabaría adquiriendo un protagonismo especial: la abarca.
De zapato de trabajo a calzado de verano
La abarca menorquina tiene sus raíces en el mundo rural. Campesinos y canteros de la isla utilizaban antiguamente calzado de cuero atado al pie con cuerdas o correas y, en muchos casos, se fabricaban sus propios pares.
Durante las primeras décadas del siglo XX, el aprovechamiento de neumáticos inservibles para elaborar las suelas transformó aquel calzado. La goma aportaba resistencia e impermeabilidad y permitía disponer de un zapato especialmente adecuado para las labores del campo.
La fabricación se hacía artesanalmente. Las abarcas se cortaban, cosían y montaban a mano, a menudo durante las largas veladas de invierno. En los pueblos también había pequeños talleres de zapateros que las fabricaban para familiares y conocidos.
A finales de los años cincuenta, sin embargo, la abarca empezó a salir del mundo estrictamente rural. Los propietarios de las fincas encargaron a los zapateros modelos más refinados para utilizarlos durante el tiempo de ocio en la costa. El empeine y la tira se hicieron más estrechos y se incorporó una plantilla de piel sobre la suela de neumático.
Los primeros turistas que llegaron a Menorca también se fijaron en aquel calzado, que progresivamente pasó de ser una pieza de trabajo a convertirse en uno de los recuerdos más característicos de la isla.
1992, el año de la apuesta por la abarca
Para Avarca Pons, uno de los momentos decisivos llega en el año 1992, cuando la empresa crea un amplio muestrario de abarcas.
El producto pasa a ocupar un lugar central dentro de su actividad y se convierte en el principal elemento de identidad de la marca. La empresa amplía los modelos, los colores y los acabados y adapta un calzado tradicional a los nuevos gustos de los consumidores.
Es también el momento en que la abarca experimenta una transformación general. Aquel zapato vinculado al campo se convierte progresivamente en un producto de moda para hombre, mujer y niño. Los fabricantes incorporan nuevos materiales, diseños y sistemas de fabricación, al mismo tiempo que mantienen elementos que permiten reconocer su origen.
En el caso de Avarca Pons, esta combinación entre tradición y adaptación continúa formando parte de su manera de fabricar.
Una marca para identificar la abarca de Menorca
El éxito comercial de la abarca también planteó la necesidad de diferenciar el producto fabricado en la isla de otros calzados similares.
En 2010 se aprobó el reglamento de la marca de garantía Avarca de Menorca. La normativa establece que pueden llevar este distintivo los productos elaborados íntegramente en Menorca que cumplan unas condiciones mínimas de materiales y fabricación.
Estos requisitos afectan a aspectos como el grosor de las pieles o tejidos, los materiales de las suelas, el refuerzo de la tira posterior o las características del cosido, según el tipo de abarca.
La marca es titularidad del Consejo Insular de Menorca y tiene como finalidad identificar las abarcas que cumplen los requisitos de procedencia y calidad establecidos.
Para poder utilizarla, los fabricantes deben tener la producción en Menorca y cumplir las condiciones técnicas previstas en el reglamento. Además, el Consejo establece mecanismos de control sobre los materiales y la elaboración.
Esto hace que Avarca Pons forme parte de una industria que va mucho más allá de una sola marca. En Menorca hay diferentes fabricantes que han mantenido y modernizado esta tradición zapatera.
Tres generaciones de zapateros
La continuidad familiar es uno de los rasgos que definen a Avarca Pons.
Con el paso de los años, Joan Pons Camps asumió la propiedad del negocio con el apoyo de su hermana Margarita. Posteriormente también se incorporó a la empresa su esposa, Laia Camps.
La tercera generación llegaría con sus hijos, José Luis y Dani Pons Camps, que actualmente comparten la dirección de la empresa.
Son tres generaciones que han vivido una transformación profunda del sector: de los pequeños talleres de Ciudadela a una industria adaptada a nuevos procesos productivos y a un mercado internacional.
Una empresa de Ciutadella con mercado internacional
El traslado de la fabricación al polígono industrial en el año 2009 marcó una nueva etapa para la empresa, pero sin abandonar el vínculo con Ciudadela.
Avarca Pons continúa fabricando en Menorca y ha ido ampliando su presencia comercial fuera de la isla. Actualmente, según la información de la propia empresa, sus productos llegan a diferentes puntos de Europa, Estados Unidos y Asia.
Su actividad comercial también tiene presencia directa en Ciudadela. Desde 2019 dispone de una tienda en la avenida del Capitán Negrete, 44.
El recorrido es largo: de aquel primer taller de la calle del Degollador a una empresa familiar que fabrica en Menorca y comercializa sus abarcas más allá de la isla.
Una historia que forma parte de la historia de la abarca
La abarca ha cambiado mucho desde los tiempos en que los campesinos aprovechaban las pieles disponibles y los neumáticos viejos para fabricarse un calzado resistente.
Ha pasado del campo a los talleres, de los talleres a las tiendas y de las tiendas a los mercados internacionales. Ha incorporado nuevos materiales, colores, diseños y suelas, pero conserva una forma y una identidad que permiten reconocer su origen.
Avarca Pons ha recorrido gran parte de esta transformación desde Ciutadella. Una historia empresarial que es también la historia de tres generaciones de zapateros y de un producto que ha logrado convertir una necesidad del mundo rural en uno de los símbolos más conocidos de Menorca.
Avarca Pons · Emblemáticos Baleares · Reglamento de la marca de garantía Avarca de Menorca

