La plaza des Born volverá a tener coches. Y no es solo una mala noticia para la movilidad sostenible de Ciutadella. Es también el resultado de un fracaso político y administrativo: el de un Ayuntamiento que no ha sabido convertir en decisiones suficientemente claras, concretas y jurídicamente sólidas un modelo de movilidad que el propio consistorio defiende y que ya está recogido, en buena parte, dentro del Plan de Movilidad Urbana Sostenible. Un documento (PMUS) que permanece en aprobación inicial, incomprensiblemente, cuando es probablemente la herramienta jurídica que blinda y da sentido a todo. Sin este documento, todas las medidas tomadas por el consistorio tienen un elevado peligro de ser impugnadas ante cualquier ciudadano o colectivo que opte por hacer política por la vía judicial. Es así.
No defenderé en esta opinión al actual equipo de gobierno progresista de Ciutadella. En el retorno de los coches a es Born tiene una parte importante de responsabilidad. El Ayuntamiento, como institución y como administración que debe garantizar la legalidad de sus actos, ha fallado. Y esta es una cuestión que merece una reflexión mucho más profunda que la simple discusión sobre si los coches deben volver o no a la plaza.
Los 22 empresarios y particulares que impugnaron la peatonalización han sabido encontrar el punto débil de la actuación municipal. Han utilizado legítimamente la vía judicial y han conseguido que los tribunales pusieran en cuestión la manera en que se instrumentó administrativamente una decisión que, en cambio, forma parte de las competencias municipales en materia de movilidad. Es una victoria judicial legítima, pero también es una derrota política y administrativa del consistorio.
Cuando una decisión política no queda bien escrita, la justicia acaba decidiendo.
Lo más significativo de la resolución judicial es precisamente eso: el debate no se sitúa en si Ciutadella puede regular la movilidad o si el Ayuntamiento puede defender una plaza des Born destinada prioritariamente a los peatones. La cuestión es cómo se hizo. La sentencia pone el foco en la cobertura administrativa de la decisión, en la falta de un acto suficientemente identificado y de un expediente que dejara perfectamente determinada la decisión de peatonalizar la plaza. Y esto es grave, porque gobernar no es solo tener una idea, defenderla políticamente y ejecutarla. Cuando se gobierna una administración pública, hay que dejar constancia exacta de qué se decide, con qué instrumento, con qué informes y mediante qué procedimiento.
A veces, en política, hay que ser claro. Llamar a las cosas por su nombre. Explicar exactamente cómo debe quedar una plaza, aprobarlo formalmente y dejar sobre la mesa todos los informes que lo justifican. La falta de concreción, la ambigüedad y una tramitación insuficiente pueden acabar creando monstruos. Y es Born es un ejemplo.
Es Born solo era la punta de lanza.
Pero sería un error quedarnos solo con es Born. La peatonalización de la plaza era, en realidad, la punta de lanza de un cambio mucho más profundo en el modelo de movilidad de Ciutadella, y aquí es donde el debate actual debería dar un paso más. El PMUS no habla solo de es Born. Incluye una estrategia mucho más amplia para transformar la movilidad del municipio: más espacio y seguridad para los peatones, mejoras para la bicicleta, una reducción de la dependencia del vehículo privado, una nueva política de aparcamiento, mejoras de los accesos y una mejor conexión entre el casco antiguo y el puerto.
Es Born es una de las piezas más visibles de este modelo. Pero no es el modelo en sí mismo. El modelo es toda una ciudad: una ciudad donde las aceras sean accesibles, donde llegar a pie o en bicicleta sea más seguro, donde los accesos estén mejor resueltos y donde el aparcamiento deje de ser simplemente una cuestión de encontrar un hueco para dejar el coche. También es necesario plantear un sistema de aparcamiento que priorice a quien vive en Ciutadella: aparcamiento gratuito para los vecinos del barrio, tarifas reducidas para los residentes del municipio y una regulación más exigente y costosa para los vehículos no empadronados en Ciutadella.
No se trata de castigar a nadie. Se trata de ordenar el espacio público y dar prioridad a quien vive en él. Y eso es muy diferente de limitarse a quitar los coches de una plaza.
El PMUS es la pieza que falta
Lo más paradójico es que Ciutadella ya tiene sobre la mesa una parte importante de esta hoja de ruta. El Plan de Movilidad Urbana Sostenible fue aprobado inicialmente en septiembre de 2024 y, casi dos años después, continúa pendiente de aprobación definitiva. Dos años. El documento ya contempla específicamente la conversión de es Born en zona peatonal, pero también muchas otras actuaciones que deberían definir la movilidad de Ciutadella durante los próximos años.
La pregunta es inevitable: ¿por qué continúa parado? Seguramente porque nadie quiere, no sabe o no ha querido asumir la responsabilidad política de dar respuesta a los cientos de alegaciones presentadas. Entre estas alegaciones hay algunas aceptables y otras que, a mi entender, responden más a una determinada estrategia política de obstrucción que a una voluntad real de mejorar el Plan.
El Partido Popular también ha jugado su papel, presentando un volumen muy elevado de alegaciones. Algunas pueden ser perfectamente legítimas y útiles. Otras, difícilmente pueden justificar que un instrumento tan importante para el futuro de Ciutadella continúe bloqueado durante casi dos años. Y aquí también hay una responsabilidad política.
Aprobar definitivamente el PMUS debería ser una prioridad
Porque el PMUS no es un documento decorativo. Es la hoja de ruta que debería permitir ordenar la movilidad de Ciutadella con una visión global y no a través de actuaciones improvisadas o decisiones aisladas. Y, en el caso de es Born, puede ser también una pieza esencial para reforzar la cobertura jurídica del modelo.
La aprobación definitiva del PMUS no significa que cualquier actuación posterior quede automáticamente blindada ante los tribunales. Pero sí que proporciona un marco de planificación mucho más sólido para justificar las transformaciones de movilidad, siempre que estas se desarrollen después mediante los actos administrativos, los informes técnicos y las aprobaciones correspondientes. Es precisamente eso lo que ha faltado en es Born.
No necesariamente una razón política para querer convertirlo en zona peatonal, sino un papel suficientemente claro que dijera exactamente qué se quería hacer, cómo debía quedar la plaza y con qué cobertura administrativa se hacía. El PMUS podía haber sido —y todavía puede ser— una de las piezas importantes de esta arquitectura jurídica.
La ciudad del futuro no se construye solo en el Born
Esta es la cuestión que, a mi entender, deberíamos empezar a discutir. ¿Qué modelo de ciudad queremos? Porque Ciutadella necesita mucho más que una plaza sin coches. Necesita resolver los problemas del Camí de Maó, los accesos, las aceras, la bicicleta, la conexión con el puerto, el aparcamiento y la circulación. Necesita un sistema de aparcamiento que priorice a los residentes, una movilidad más racional y una planificación que no obligue a cada gobierno a empezar de cero.
Y necesita que esta planificación sea aprobada, ejecutada y jurídicamente defendible. Es Born era solo la punta de lanza. El PMUS es mucho más ambicioso. Por eso, convertir toda la discusión en una batalla entre "coches sí" o "coches no" es una simplificación que no ayuda a Ciutadella. Lo que está en juego es qué modelo de ciudad queremos construir.
¿Y ahora qué?
El retorno de los coches a es Born puede acabar siendo, paradójicamente, una oportunidad. Una oportunidad para que el Ayuntamiento haga aquello que no hizo lo suficientemente bien la primera vez: culminar la tramitación del PMUS, resolver las alegaciones, aprobarlo definitivamente y, a partir de ahí, ejecutar sus determinaciones con todas las garantías. También las relativas a es Born.
Si el modelo que defiende el Gobierno es recuperar la plaza para los peatones, que lo haga con toda la planificación sobre la mesa, con todos los informes, con todos los actos administrativos necesarios y sin dejar brechas formales que permitan volver a cuestionarlo judicialmente. Porque los 22 recurrentes han encontrado el botón. Han encontrado la brecha. Y la han pulsado.
Ahora la responsabilidad es del Ayuntamiento. No solo de volver a quitar los coches algún día de es Born, sino de demostrar que es capaz de construir y ejecutar un modelo de movilidad sostenible que resista política, administrativa y jurídicamente.
Lo más triste es que, al final, quien pierde es Ciutadella. Pierden las personas que quieren una ciudad más accesible. Pierde la movilidad sostenible. Pierde la planificación. Y, probablemente, ganan los partidos. Porque es Born puede convertirse ahora en una magnífica arma electoral de cara a 2027: unos prometerán volver a abrirlo, otros prometerán volver a cerrarlo y todos tendrán argumentos para movilizar a los suyos.
Otra vez. Como la Escuela de Música. Como el PGOU. Como la nueva estación de autobuses. Proyectos que se convierten demasiado a menudo en promesas, símbolos y munición electoral mientras la ciudad sigue esperando. La política de movilidad, sin embargo, no debería servir para movilizar bloques políticos. Debería servir para ordenar una ciudad.
Es Born vuelve ahora a tener coches por imperativo judicial. Es una derrota para la movilidad sostenible y una muestra de la debilidad administrativa del consistorio. Pero el verdadero fracaso sería quedarnos aquí.
La pregunta no debería ser solo cuándo volverán a desaparecer los coches de es Born. La pregunta es mucho más importante: ¿qué modelo de ciudad queremos construir y cuándo empezaremos, finalmente, a aprobarlo y ejecutarlo con todas las garantías?
Porque es Born puede ser la punta de lanza.
Pero el PMUS debería ser la hoja de ruta.

