Hace algunas semanas se llevó a cabo una iniciativa tan bonita como necesaria en Ciutadella. Bajo el nombre de “Actividades extramuros”, la biblioteca municipal salió de sus paredes para llevar historias a quienes más lo agradecen: nuestros mayores. De la mano de Raquel de Manuel, se compartieron álbumes ilustrados con los residentes del geriátrico, demostrando que la magia de la narración no entiende de edades.
Sí, sí, puede sonar extraño. Quizás alguien piense que los álbumes ilustrados son solo para niños, pero nada más lejos de la realidad. Este género es una poderosa herramienta de comunicación y estimulación cognitiva, capaz de cautivar desde los más pequeños hasta los más grandes.
La combinación de imagen y texto no solo facilita la comprensión, sino que también activa la memoria, refuerza el lenguaje y fomenta la atención.
El denominador común es la narración gráfica, que tiene un fuerte componente comunicativo y contribuye a estimular diferentes funciones cognitivas. Pero lo que hace realmente especial a esta iniciativa es su impacto emocional y social.
Los cuentos despiertan recuerdos, generan conversaciones y provocan sonrisas. En un entorno donde la soledad puede ser una realidad, compartir historias se convierte en una ventana a otros mundos, en un hilo de conexión con el pasado y con los demás.
Es por eso que recibir estas iniciativas en la edad adulta tiene beneficios que van más allá de la memoria, el lenguaje y la atención. También ayudan a evocar recuerdos, favorecen la comunicación y generan emociones positivas, creando espacios de bienestar afectivo.
Esta estimulación contribuye a la conexión social y al intercambio, y diferentes estudios han demostrado que todo esto tiene un impacto positivo tanto en la salud mental como física.
Desde una perspectiva logopédica, este tipo de actividades son esenciales. Siempre pensamos en la importancia de la prevención y la terapia en niños, pero la logopedia no tiene edad.
Trabajar el lenguaje y la comunicación en la tercera edad no solo ayuda a mantener las funciones cognitivas, sino que también mejora la calidad de vida y el bienestar emocional.
Es fundamental continuar impulsando este tipo de iniciativas dentro y fuera de los geriátricos, dentro y fuera de las casas. Ayudar a nuestros mayores es, en el fondo, ayudarnos a nosotros mismos.
Porque las historias no solo se cuentan, también se viven.

