No nos alejaremos mucho de Ca sa Millonària/Casa Botey. En diciembre de 1922, el fabricante de calzado e inversor Sebastià Seguí Sintes adquirió la propiedad y apostó por construir un edificio que albergara la maquinaria y los motores de su primer taller. Además, debía cumplir con la legislación sanitaria que exigía luz exterior, ventilación y servicios para los trabajadores de ambos sexos.
La época de los «felices años veinte» en Menorca
Entrando de lleno en la década de los años veinte, es importante destacar que los «happy twenties» en Menorca se vivieron en relativa tranquilidad. La industria lidiaba con los altibajos de las crisis, mientras la sociedad empezaba a valorar los momentos de ocio y se fomentaba la idea de la isla como destino turístico. Aquellos años felices permitieron que el calzado menorquín triunfara en Francia e Inglaterra, mientras la empresa Codina Villalonga expandía sus productos de goma a España, Portugal y, por supuesto, Francia, donde mantenía intereses comerciales estratégicos.
Los hermanos Seguí Sintes
Los hermanos Sebastià, Francesc y Antoni Seguí Sintes también participaron activamente en este contexto. Desde finales de la década anterior se habían destacado en el negocio de las pieles y el calzado. A pesar de que la prensa de la época a principios de los años veinte hablaba de crisis, muchos industriales diversificaron sus intereses en otros sectores. Con todo, la manufactura zapatera era la que continuaba generando puestos de trabajo e inversiones.
Cuatro grandes fábricas de calzado
A partir de 1926 en Ciutadella se construyeron cuatro grandes fábricas de calzado, pero actualmente solo perduran los talleres de Seguí y Cia, situados junto a Ca sa Millonària, en el 102-100 del Camí de Maó. En este artículo no abordaremos la evolución de este edificio una vez dejó de ser fábrica de calzado. Muchos sabemos que una de las naves se convirtió en un taller de mecánica de coches, conocido como Firestone, y como exposición de la SEAT. La otra nave también ha tenido un uso similar para Volkswagen.
Lo cierto es que la Seguí y Cia. no era, como hemos dicho, la única fábrica construida en los años veinte; las otras tres eran la Vázquez y Cia., la Pallicer Bonet y, evidentemente, la Pons Menéndez. Como ocurrió con la Casa de Hierro de la Plaza des Born, siempre hay quien lamenta la destrucción de aquel edificio en Dalt es Penyals. El problema no es la destrucción, sino la conciencia social para preservar el patrimonio olvidado; en este caso, la arquitectura y los bienes industriales.
La construcción de la fábrica: 1928
A partir de 1928 tenemos noticia de la construcción de la fábrica de Sebastià Seguí, que con aquella inversión daba cabida a las máquinas que había adquirido para los talleres de la calle Nord, siendo socio en 1924 de la Seguí, Mir y Cia. Las gestiones de sus hermanos Antoni y Francesc dieron frutos en el mercado nacional, francés y colombiano, hasta donde habían viajado con Enric Florit. Cabe decir que aquel fue un fracaso total, pero la línea de producción con Francia y Londres aseguró el futuro a corto plazo, y la puesta en marcha de la Eléctrica Seguí en tiempos de la República confirmó la posición social de los hermanos.
Acabada la guerra y después de la purga contra la burguesía republicana, surgió la Eléctrica Ciudadela S.A., una fusión de las dos centrales que fue controlada por Sebastià Seguí como presidente y disuelta en 1959, siendo presidente Antoni.
La fábrica y su singularidad arquitectónica
Vayamos a los talleres. Construidos en 1928, forman parte del grupo de fábricas que vieron la luz en la segunda mitad de la década, y son el último vestigio, siendo, por tanto, una construcción singular de una Belle Époque de crecimiento económico y social.
Aunque a simple vista no parece una construcción que llame la atención, en realidad es un ejemplo muy curioso de dos naves paralelas unidas por un cuerpo central. Esta disposición ofrecía ventilación y la entrada de luz exterior. En este sentido, la nave guarda relación directa con la desaparecida Pallicer Bonet de la calle Marqués d'Albranca y con la también desaparecida Pons Menéndez, en la Plaza de Dalt dels Penyals.
Sabemos que en septiembre de 1928 la empresa pidió permiso para alojar un motor de gasoil Crossley Bross de 27,30 H.P. en sustitución de los diez motores eléctricos que tenían en los talleres de la calle Nord y que habían sido instalados en 1924 por orden de la razón social Seguí, Mir y Cia.
Sistema mixto de producción y número de operarios
La fábrica contaba con una sección de montado y embalado, así como con la sección de zapateros que trabajaban un sistema mixto —medio mecánico, medio artesano— que incorporaba maquinaria de desvirar, coser suela y clavar tacones. Hacia 1929 era considerada una de las empresas modelo del sector, contando, según algunas fuentes, con 140 operarios. Con todo, la matrícula industrial de 1929 nos dice que la razón social de la Seguí y Cia. tenía 30 trabajadores. La explicación es económica, ya que las empresas contribuían según su capacidad.
La II República
Durante los tiempos de la II República el número de trabajadores censados no varió, pero ganaron en derechos laborales, debido a que la dirección aprobó el pago de la semana de vacaciones retribuidas y un subsidio de enfermedad. Se convirtió, junto con la Pons Menéndez, en una de las líderes en aprobar estas dos medidas.
Además, la empresa acordó con el ayuntamiento de Ciutadella el sostenimiento energético de la fábrica de hielo a cambio de una subvención y la obligación de hacer entrega de hielo a los pobres de la ciudad.
En enero de 1936 la Seguí y Cia. inauguraba la segunda central eléctrica de la ciudad, constituyendo este un activo estratégico en la cartera de negocios de la sociedad. Una vez estalla la guerra, los talleres y su dirección recaen en los trabajadores, pero los Seguí se posicionan a favor de la legalidad republicana.
Antoni fue uno de los potentados de la burguesía de Ciudadela que apoyó a la Cooperativa Popular y avaló la emisión de billetes.
La represión de la dictadura y el resurgimiento
Evidentemente, la dictadura no perdonó aquel posicionamiento, y en 1939 Sebastià fue encausado y represaliado, acusado de masón y colaboracionista del comunismo. En mayo de 1939, Seguí y Cía. volvió a trabajar, esta vez para el mercado nacional.
Las exportaciones se centraron en Madrid y Barcelona, pero también abrieron contactos en el País Vasco y Cantabria.
Durante los años cuarenta, la empresa trabajó bajo el paraguas del "calzado de artesanía", lo cual implicaba omitir la producción auxiliada por maquinaria. En 1953, una vez que el Régimen relajó el control de los precios, llegó el momento de volver a las máquinas. Aquel año, la sociedad legalizó las máquinas que tenía y nos aporta el dato del capital social: 100.000 pesetas.
La doble vertiente del negocio de zapatos y electricidad continuó hasta 1959, cuando la Eléctrica Ciudadelana S.A. se disolvió. El último dato que aportaremos es de 1971, cuando los talleres de la entonces calle de Calvo Sotelo 100 contaban con 33 operarios, de los cuales mujeres. El último gerente fue Antoni Seguí Sintes, vinculado a Sant Miquel, y hombre que sería investido hijo ilustre de Ciudadela.












