La crisis de la vivienda hace tiempo que dejó de ser un problema reservado a las grandes ciudades. En Menorca se ha convertido en uno de los principales retos sociales y económicos de la isla. Los precios de compra siguen aumentando, la oferta de alquiler residencial continúa siendo insuficiente, los jóvenes encuentran cada vez más dificultades para emanciparse y muchas familias deben destinar una parte creciente de sus ingresos a acceder a una vivienda o mantenerla.
A pesar de que esta situación se arrastra desde hace años y ha ocupado de manera recurrente el debate político, las medidas impulsadas hasta ahora han tenido un impacto limitado sobre el mercado residencial. La promoción de vivienda protegida sigue avanzando con lentitud, la recuperación de viviendas vacías ha sido escasa y la oferta asequible continúa muy lejos de cubrir la demanda existente.
En este contexto, la imagen de viviendas aparentemente vacías genera una pregunta inevitable. ¿Cómo es posible que, en medio de una de las mayores tensiones inmobiliarias de los últimos años, sigan existiendo cientos de inmuebles sin uso? Es precisamente esta contradicción la que ha llevado al Consell Insular de Menorca a impulsar una nueva estrategia orientada a recuperar viviendas desocupadas e incorporarlas, progresivamente, al parque de alquiler asequible.
Por primera vez, la isla dispone de un estudio elaborado específicamente con esta finalidad. El trabajo, redactado por el Observatorio Socioambiental de Menorca (OBSAM) por encargo del Servicio de Vivienda Social del Consell Insular, identifica inmueble por inmueble qué viviendas presentan indicios objetivos de desocupación a partir del consumo de agua registrado durante los dos últimos años.
El informe no tiene únicamente un valor estadístico. También evidencia que Menorca llega a este diagnóstico en un momento en que la crisis residencial ya hace tiempo que condiciona el acceso a la vivienda. Sus resultados servirán ahora para que los ocho ayuntamientos validen la información antes de poner en marcha una futura línea de ayudas destinada a rehabilitar estas viviendas y facilitar que puedan volver al mercado residencial con precios asequibles.
Una fotografía mucho más precisa... pero no definitiva
El primer dato que ofrece el estudio es contundente: 826 viviendas presentan indicios objetivos de desocupación. La mayor parte se localizan en los municipios de Ciutadella, Mahón y Ferreries y, en muchos casos, corresponden a viviendas antiguas, de grandes dimensiones y situadas en los núcleos urbanos tradicionales.
La cifra, sin embargo, necesita una lectura cuidadosa. Los mismos autores del informe insisten en que estas 826 viviendas no representan el conjunto de las viviendas vacías existentes en Menorca. Son, únicamente, aquellas que han podido identificarse aplicando una metodología muy concreta y mucho más exigente que la utilizada en otros estudios.
Este matiz es fundamental porque durante los últimos años el debate sobre la vivienda en la isla ha estado marcado por otro dato muy diferente. El Censo de Población y Viviendas de 2021, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), estimaba que Menorca disponía de 9.158 viviendas vacías, aproximadamente un 15% del parque residencial.
La diferencia entre aquellas más de nueve mil viviendas y las 826 identificadas ahora puede dar la impresión de que alguna de las dos cifras es incorrecta. No obstante, la realidad es otra. Ambos estudios son compatibles porque responden a objetivos diferentes y parten de metodologías también distintas.
En cualquier caso, ambos datos apuntan en una misma dirección: mientras la presión sobre el mercado residencial no ha dejado de crecer, las políticas de vivienda desarrolladas durante los últimos años no han logrado incrementar con suficiente intensidad la oferta asequible ni revertir una situación que se ha ido agravando progresivamente.
Por qué 826 viviendas no contradicen las más de 9.000 del censo?
La diferencia no está en las viviendas, sino en la manera de buscarlas.
El censo elaborado por el INE tenía una finalidad estrictamente estadística: estimar el número de viviendas potencialmente desocupadas en el conjunto de España. Para conseguirlo, utilizó diferentes registros administrativos, especialmente los consumos eléctricos, considerando como viviendas vacías aquellas que no disponían de contrato de electricidad o bien registraban un consumo muy reducido durante un periodo determinado.
El estudio encargado ahora por el Consell Insular parte de una filosofía completamente diferente. No pretende calcular cuántas viviendas vacías hay en Menorca, sino identificar aquellas que podrían incorporarse a una futura política pública de rehabilitación y alquiler asequible. Esta diferencia de objetivos condiciona toda la metodología empleada.
Pero identificarlas es solo el primer paso. El reto real comenzará cuando esta información se traduzca en viviendas efectivamente recuperadas e incorporadas al mercado residencial, un objetivo que hasta ahora ninguna administración ha logrado alcanzar de manera significativa.
Por este motivo, el análisis solo incluye viviendas que disponen de un contador de agua activo y que, durante dos años consecutivos, han registrado un consumo nulo o extraordinariamente bajo de acuerdo con los criterios fijados por la Ley balear de vivienda. Además, cada registro ha sido revisado manualmente para comprobar que corresponde realmente a una vivienda residencial, descartando cualquier otro uso.
Este proceso de verificación es, precisamente, uno de los principales valores añadidos del informe. Sin esta revisión previa, la fotografía final habría sido muy diferente y, sobre todo, mucho menos precisa.
Cuando los datos también necesitan una revisión manual
El estudio comenzó identificando 2.302 registros con un consumo de agua nulo o muy reducido. En una primera lectura, todos ellos podían parecer viviendas desocupadas. Pero la realidad era bastante más compleja.
Después de cruzar esta información con el Catastro y revisar individualmente cada registro, los técnicos comprobaron que una parte muy importante de los inmuebles detectados inicialmente no eran viviendas. Entre estos había garajes, locales comerciales, comunidades de propietarios u otras construcciones que, a pesar de disponer de contador, no formaban parte del parque residencial.
Esta depuración redujo de manera considerable el número inicial de casos y permitió obtener una fotografía mucho más ajustada a la realidad.
• 621 viviendas con consumo de agua cero.
• 206 viviendas con un consumo extraordinariamente bajo.
• 209 registros que no pudieron identificarse con suficiente seguridad.
• 1.266 registros descartados porque correspondían a usos no residenciales.
En consecuencia, solo 826 inmuebles quedaron identificados como viviendas residenciales con indicios objetivos de desocupación. Lejos de ser una simple operación estadística, el proceso pone de manifiesto hasta qué punto es necesario validar las grandes bases de datos administrativas antes de utilizarlas para orientar políticas públicas.
Pero también evidencia otra realidad: hasta ahora las administraciones no disponían de una herramienta lo suficientemente afinada para saber qué viviendas podían ser objeto de políticas de movilización, una carencia que ayuda a explicar la limitada efectividad de muchas de las actuaciones desarrolladas hasta hoy.
Los propios autores del informe destacan este ejercicio de verificación como una de las principales aportaciones del trabajo. Sin esta revisión, el número de viviendas presuntamente vacías habría quedado claramente sobreestimado y habría ofrecido una imagen distorsionada de la realidad.
Una fotografía rigurosa… pero todavía incompleta
Sin embargo, la precisión del estudio no significa que las 826 viviendas representen la totalidad de los inmuebles vacíos existentes en Menorca. De hecho, los autores insisten varias veces en que esta sería una interpretación errónea.
La principal limitación es metodológica. El análisis solo ha podido trabajar con viviendas que disponen de un contador de agua activo, por lo que una parte del parque residencial ha quedado necesariamente fuera del estudio.
Esto incluye, entre otras, viviendas sin conexión a la red de agua, inmuebles abastecidos mediante pozos particulares o cisternas, buena parte de las viviendas diseminadas en suelo rústico y cualquier edificio que no disponga de un contador en alta.
Se trata de una limitación especialmente significativa en una isla como Menorca, donde una parte importante del parque residencial se encuentra fuera de los núcleos urbanos y utiliza sistemas propios de abastecimiento de agua.
En definitiva, el estudio aporta una radiografía mucho más fiable que las disponibles hasta ahora y ofrece una base sólida para actuar. La gran incógnita será si esta información se traduce finalmente en viviendas recuperadas o si, como ha ocurrido con otras iniciativas impulsadas durante los últimos años, el diagnóstico acaba avanzando más rápido que las soluciones.
Distribución de las 826 viviendas con indicios de desocupación detectadas por el OBSAM. Ciutadella concentra más de un tercio de los inmuebles identificados, seguida de Mahón y Ferreries.
| Municipio | Viviendas |
|---|---|
| Ciutadella | 301 |
| Mahón | 205 |
| Ferreries | 143 |
| Es Mercadal | 56 |
| San Luis | 53 |
| Alaior | 45 |
| Es Castell | 25 |
Interpretación: Estas cifras no representan el número real de viviendas vacías de cada municipio, sino los inmuebles que han podido ser identificados mediante la metodología basada en los consumos de agua utilizada en el estudio del OBSAM.

